Cuentan que Winston Churchiil fue invitado a su colegio después de la Segunda Guerra Mundial para que contase el secreto de su éxito. El auditorio estaba totalmente lleno, y había una gran expectativa por su discurso. Al empezar, sacó una hoja y dijo: «Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca te des por vencido». Hizo una pausa, guardó el papel y tomó asiento. Por unos segundos el auditorio, des concertado, se mantuvo en silencio, pero luego vino una tremenda ovación. Churchiil transmitió el verdadero secreto de su éxito: la perseverancia:
En nuestro medio la perseverancia no es una actitud muy popular. De niños nos acostumbraron a gratificaciones inmediatas: teníamos hambre y nos alimentaban al instante; hacíamos algo gracioso e inme diatamente nos daban muestras de cariño y atención. De adultos, cuan do emprendemos un proyecto, ios resultados ya no son inmediatos. Estamos mucho tiempo luchando contra obstáculos sin experimentar gratificaciones a corto plazo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario