Cuentan que un anciano ya no podía salir de cacería para alimen tar a su familia, razón por la cual le pide a su hijo que se encargue de ello. El hijo sale a cazar y regresa rápidamente con un conejo para la cena. Al día siguiente regresa sin haber cazado nada y se excusa diciendo que no hay animales. Al día siguiente tampoco trae nada y se excusa nuevamente. Intrigado, el anciano sale a verificar cómo cazaba su hijo, y lo encuentra sentado junto a un árbol. El anciano le pregunta qué hace allí. El hijo le responde: «Silencio, estoy esperan do que los conejos se estrellen contra el árbol. ¿Te acuerdas del pri mer conejo que traje a casa? Bueno, ese lo recogí cuando se estrelló contra el árbol. Sé paciente, padre, seguro que más tarde otro se estrellará contra el árbol.
Cuántas veces, como en esta historia, nos quedamos esperando que los éxitos en la vida nos vengan de pura suerte o damos excusas para encubrir nuestra falta de responsabilidad y perseverancia.«No tengo tiempo», «no tengo recursos», «no me dejan trabajar»,«no me siento bien», «es culpa de otro departamento», «es ei sistema que no funciona». ¿Reconoce estas excusas? La excusa es la distan cia más corta entre ia responsabilidad y la irresponsabilidad. Cuando damos una excusa no nos hacemos responsables y dejamos de per severar. Presuponemos que una circunstancia externa a nosotros es más poderosa y dopiina nuestro destino.
