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LIDERANDO CON INTEGRIDAD

 ¿Cuál cree usted que es la característica más importante que debe tener un líder? las respuestas más comunes son: visión, inteligencia y creatividad. Sin embargo, según un estudio realizado a 20 mil personas por Kouzes y Posner, la característica más importante es la integridad.

Así como depositamos dinero en un banco, los subordinados depositan en el líder su capital más preciado, su confianza, y esperan ser remunerados con pagos de integridad. Pero en la primera oportunidad que el líder no es íntegro, se comportan tal como lo harían con un banco que no ha pagado intereses sobre sus depósitos: retiran su dinero y dejan que el banco quiebre. En el caso del líder, le retiran su confianza y lo dejan sin poder.



Para evitar malos entendidos, el líder debe hacer explícito lo que es importante para él; debe manifestar cuáles son sus valores y actuar sobre la base de ellos. Pero esto no es fácil. Imagínese que ha compartido con su personal sus valores: honestidad, eficiencia y calidad. Hay un problema de recesión y despedirán a dos miembros del equipo. Su jefe le pide que no lo comente con su gente hasta la reorganización, para no perjudicar el ambiente laboral y la eficiencia. Uno de ios que va a ser despedido le dice que se ha enterado de la reduc- ción de personal Tiene esposa y cuatro hijos que mantener. Le supli- ca que le diga si debe Ir buscando otro trabajo. ¿Qué hacer? SI no le dice nada, cuando lo despidan habrá violado el valor de la honestidad. Si le dice la verdad, estará violando el valor de la eficiencia.

Este dilema muestra el choque entre valores absolutos y relativos. Los valores absolutos son inherentes al ser humano: no cambian y son los principios universales. Rigen la interrelación de lás perso- nas. Es el caso, por ejemplo, de ia honestidad, el respeto, la justicia y el amor. Los valores relativos varían de persona a persona. Cambian en el tiempo y de acuerdo con ¡a situación. Entre éstos están, por ejemplo, la eficiencia, la estética, el ahorro y el orden. Según Stephen Covey, cuando vivimos en un territorio cambiante los mapas resultan obsoletos. En cambio, una brújula nos da la dirección correcta para cada decisión. Los valores relativos son como el mapa; los valores absolutos o principios, como la brújula: los principios señalan siempre el verdadero norte.

En el ejemplo anterior, antes de aceptar el encargo de despedir a personal de su equipo sin comunicárselo con anticipación, el jefe debió mirar su brújula para decidir si aceptaba o no el reto y preguntarse si el encargo estaba de acuerdo con sus valores.

Vivir basándose en principios no es fácil. La historia da cuenta de muchos líderes que han sufrido para mantenerse íntegros. Mahatma Gandhl fue encarcelado y golpeado por ser consecuente con sus principios de justicia y paz. A Martín Luther King lo asesinaron por mantener sus principios de justicia e Igualdad. Nelson Mándela estuvo 27 años en la cárcel por permanecer firme a su principio de honestidad. Él pudo alcanzar su libertad cambiando su posición públicamente, pero no lo hizo. Los beneficios de vivir basándonos en nuestros principios difícilmente se ven en el corto plazo. Al contrario: se requiere mucha convicción y coraje para sobrellevar las dificultades que implica permanecer fieles a ellos.

También hay ejemplos de líderes que fueron íntegros con sus va- lores relativos, pero que hicieron mucho daño pues no respetaron los principios universales. Por ejemplo, los líderes del régimen de apartheid en Sudáfrica, que valoraban la supremacía de la raza blanca pero no los principios de igualdad, respeto a las personas y a la vida.

Cuentan que un musulmán estaba rezando cuando una mujer pasó delante de él. Muy molesto, le gritó: «j Mujer atrevida, cómo osas pasar delante cuando rezo. Eso está prohibido!» Ella contestó: «Y cuando rezas, ¿en quién piensas?» Éi respondió: «En Dios; cuando rezo me uno con Dios, me fundo con Dios». «Qué raro -respondió la mujer. Yo estaba pensando en mi enamorado. Por eso no vi que estabas allí. Pero si tú piensas en Dios de esa forma, ¿Cómo pudiste verme?

Lo que decimos no es importante. Es lo que hacemos lo que realmente cuenta y perciben nuestros subordinados. Hagamos lo que decimos y digamos io que hacemos. Vivamos sobre ia base de nues- tros principios. Sóio así tendremos ei poder para liderar.












EL SERVICIO - LA VERDADERA EVOLUCION

 Aparentemente, el siglo XIX avanza dejando a la humanidad en la cumbre de su evolución. Internet, supercomputadoras, redes inalámbricas, celulares, reconocimiento de voz y realidad virtual son algunas tecnologías en ebullición. El futuro de la tecnología es impredecible. EL MIT está desarrollando computadoras tan pequeñas que podrán ser parte de nuestro vestuario. Estamos cerca de tener una estación espacial, y es posible que pronto un hombre aterrice en Marte.

¿Es esto evolución?

La revista Le Monde Diplomatique publicó estadísticas impactantes sobre la desigualdad en el mundo:«... las tres personas más ricas del mundo poseen una fortuna superior al FBI de los 48 países más pobres»; «3 mil millones de seres humanos viven con menos de 2 dólares diarios», y «... con sólo tomar el 4 % de las 225 más grandes fortunas del mundo se lograría resolver los problemas de alimentación, agua potable, educación, y salud de todo el planeta». Paralela- mente, aparecen conflictos bélicos. Los motivos son varios: etnocentrismo, territorialidad, ideas políticas o simplemente el deseo de poder de los gobernantes.

En el mundo empresarial tratamos de sobrevivir a las guerras y miedos de la globalización. La revista The Economist captó la esencia de esta situación con la siguiente cita: «Cada mañana en el África una gacela despierta. Ella sabe que debe comer más rápido que el león más lento o morirá. Cada mañana en el África un león despierta. Él sabe que debe correr más rápido que la gacela más veloz o morirá de hambre. En el África, no importa si eres un león o una gacela. Cuando salga e! so!, más vale que te pongas a correr». La globalización ha aumentado la cantidad de leones. Estamos en una carrera para que no nos coman, o buscamos ganar fuerza para convertimos en leones. Es una carrera fría, que genera miedos y nos hace mirar sólo nuestro beneficio, Cuando se trata de sobrevivir, es difícil mirar más allá.

¿Se puede hablar de una gran evolución en un mundo de guerras y matanzas, en un mundo en el que una gran parte de la población muere de hambre? ¿En un mundo donde reinan el miedo y el egoísmo? ¿En un mundo en el que la mayoría sólo ve su beneficio personal?

En su libro The Seat of the Soul, Gary Zukav sostiene que la ver dadera evolución del hombre viene cuando desarrolla actividades por encima de sí mismo, cuando hace servicio desinteresado, deja de pensar sólo en sus beneficios y se preocupa por los demás. La evolución del hombre no radica en la tecnología, sino en su nivel de con- ciencia. Si por un momento todos los seres humanos se dedicaran a entregar amor en vez de pedir y reclamar, acabarían las guerras, des- igualdades, injusticias y miedos. La esencia del hombre es servir a sus pares, pero lo hemos olvidados. Según un estudio realizado en Tecumesh, Michigan, los hombres que no hacían servicio desinteresado .tenían 2,5 veces mayor probabilidad de morir que los que lo hacían. El servicio es una fuente de salud pero, sobre todo, es una fuente inagotable de paz y felicidad.

¿Cómo empezar a cambiar el mundo? Permítame responder con una historia que cuenta Anthony de Mello en su libro El Canto del Pájaro: Un hombre rezaba a Dios para que cambie el mundo. Como no pasaba nada, comenzó a pedir que por lo menos cambiara a las personas cercanas a él. Pero el tiempo pasó y no hubo cambios. Cerca de su muerte se dio cuenta del tiempo perdido, y pidió a Dios que le diera fuerzas para cambiar él. Finalmente, se dio cuenta de que la única forma de cambiar el mundo es cambiando uno mismo primero, y dando el ejemplo».


EL SERVICIO - ES RECOMENDABLE EJERCER UN LIDERAZGO SIN EGO

 Cuando asista a una reunión, haga el experimento de ser muy sociable; participe en diferentes grupos, pero no hable una palabra; sólo escuche. Probablemente oirá que un grupo juzga a una persona ausente diciendo algo como: «me parece bien que despidan a Pedro: era un flojo», o «¿has visto lo mal vestida que ha venido fulanlta?» Continuarán juzgando hasta que le toque su turno. Cuando le toque a usted y no juzgue, ocurrirá el fenómeno de arrepentimiento en masa. Seguro habrá alguien que diga, arrepentido: «Si, pero fulanito es buena gente».

¿Por qué tendemos a juzgar a las personas ausentes? Por el de- seo de nuestro ego de subir su sentimiento de valor y competencia personal. Al juzgar a otra persona la bajamos para, subconscientemente, ubicarnos nosotros mismos por encima de ella. Quienes tienen una baja autoestima normalmente poseen un ego fuerte, una personalidad inferior que quiere desesperadamente subir la autoestima de forma ficticia. Al juzgar a otras personas sentimos una sensación temporal de competencia o valoración.

Los líderes que tienen un ego fuerte causan muchos problemas interpersonales en la organización. Un líder que busca errores en Su personal para sentirse superior, competente y valorado, lo desmotiva, porque sólo ve los aspectos negativos. Un jefe que siempre tiene la razón obstaculiza el aporte de Ideas creativas de su personal. No permite que alguien lo contradiga, puesto que esto significa confirmar que no es capaz. Al líder perfeccionista, que exige que todo salga 100% perfecto, le basta un problema insignificante para maltratar a su personal y convertir todo en una catástrofe. No está mal buscar la excelencia, pero estos líderes creen que no tener el 100% perfecto significa sentirse totalmente Incompetentes. Finalmente está el líder protagonista, que no deja destacar a ningún subordinado: es tan inseguro, que su ego trata de aprovechar todas las oportunidades para mostrarse como el único capaz y exitoso ante la gerencia superior.

¿Reconocemos a alguno de ellos en nuestros trabajos? Seguramente sí, en terceras personas, pero no es nosotros mismos. Las manifestaciones del ego son comportamientos que afectan nuestras relaciones interpersonales sin que nos demos cuenta. Es fácil sacar pie- dras que están en un recipiente de agua, pero qué difícil es sacar ia sal disuelta. El ego está disuelto en nuestra personalidad, razón por la cual es difícil extraerlo. Lo peor de todo es que creemos que somos el ego, pero en realidad somos mucho más.

En su libro Songs of the Bird, Anthony de Mello cuenta la historia de un granjero que encuentra un huevo de águila y lo pone debajo de una gallina. Cuando nace el águila, ésta piensa que es una gallina. Aprende a picotear los granos de maíz, a volar a un metro de altura y a hacer todo lo que hacen las gallinas. Un día ve un águila volando. Impresionada, le pregunta a su mamá adoptiva: «¿Qué es eso?» La gallina responde: «Es un águila, la reina de las aves. Vuela por todo lo alto. Nosotros estamos limitados al piso, sólo somos gallinas». Cuenta la historia que el águila vivió y murió como gallina.

Como líderes tenemos que despertar y entender que somos más que egos. En el fondo somos seres bondadosos, humildes y con deseos de servir a nuestro personal y de ayudarlo a desarrollarse. Es nuestro reto deshacer las cadenas que nos esclavizan el ego.


EL SERVICIO - LIDERAZGO UNA FORMA DE SERVIR

 Este capítulo del Lao Tzu cuestiona los paradigmas tradicionales del líder fuerte que manda y dirige autoritariamente, y lo reemplaza por el líder orientado al servicio de sus subordinados. Es común en nuestro medio encontrar personas en posiciones gerenciales que «lideran» basándose en el poder formal que obtienen del puesto. Un poder que se basa en el miedo a las represalias es un liderazgo egoísta. En este caso líder busca, antes que nada, cumplir sus objetivos personales. Este tipo de liderazgo es de corto plazo; no motiva ni genera compromiso ni lealtad en los seguidores.

Lao Tzu propone un liderazgo servidor en el que el enfoque principal está en los seguidores. El líder deja de ser el centro, aleja su ego y piensa en las necesidades de crecimiento y desarrollo de su gente y la ayuda a lograr sus objetivos. Este liderazgo obtiene el poder del respeto, gratitud y admiración de los seguidores, lo que genera un verdadero compromiso a largo plazo.

Uno de los grandes culpables de que existan los líderes egoístas son las mismas empresas, como lo menciona Peter Block en su libro The Empower Manager'. Muchas conceden un conjunto de símbolos de status a medida que se asciende en la organización. Los jefes tienen oficina con sala de reuniones; los subgerentes poseen auto, parqueo asignado y son invitados anualmente a la casa del presiden- te corporativo. Estos símbolos incentivan a las personas a tomar el ascenso como «prioridad número uno», y a dejar de lado el objetivo primordial de la empresa: servir a sus clientes. Cuando el líder sólo quiere ascender, pone sus intereses por encima de los de sus subordinados y empieza la carrera egoísta.

Las instalaciones de la compañía Intel, empresa billonaria en Estados Unidos, me mostraron la oficina del presidente, Andy Groove. La oficina era un cubículo más entre otros. La persona que me guiaba, al ver mi cara de sorpresa, me dijo: «En Intel nadie tiene beneficios especiales. Ni el presidente tiene oficina privada. Tampoco parqueo asignado».

Otro tema que toca este capítulo del Tao Te Chin es la humildad del líder. Hoy en día, dada la velocidad de los cambios, necesitarnos mucha información para tomar decisiones. Cuando un líder es soberbio se preocupa más por alabarse y sobrarse que por escuchar a sus subordinados, con lo que pierde una fuente valiosa de retroalimentación y se aleja de su realidad. La soberbia nos hace sordos a ¡as señales del mercado y reduce nuestra capacidad de responder rápido.

Una historia ancestral de la filosofía sufí nos relata las consecuencias de la soberbia. Un botero que se dedicaba a cruzar personas al otro lado del río recibió a un intelectual como pasajero. Al poco tiempo de empezar la travesía el intelectual le pregunta al botero: «Oiga,

¿alguna vez ha estudiado gramática o fonética?» El botero respondió humildemente que no. El intelectual replicó con soberbia: «¡Qué pena! Usted ha perdido la mitad de su vida». El viaje siguió y una hora después el bote chocó contra una roca y empezó a hundirse. El botero Se preguntó al intelectual: «Oiga, ¿alguna vez ha estudiado natación?» El intelectual, desesperado, respondió que no. Entonces el botero replicó: «¡Qué pena!» En ese caso usted ha perdido toda su vida».

Tenemos que olvidar los viejos paradigmas soberbios y autoritarios de liderazgo y reemplazarlos por otros ai servicio del persona!. Tengamos coraje para dejar nuestro ego y liberar el humilde servidor que todos llevamos dentro.


TRABAJO EN EQUIPO - VALORANDO LAS DIFERENCIAS

Hay quienes usan los signos zodiacales para predecir los temperamentos de las personas; inclusive, hay ejecutivos que sólo contratan personas de signo Capricornio o virgo. Pero existen clasificaciones más científicas, como la de MyersBriggs. Este instrumento se basa en la teoría de tipos de temperamento de Cari Jung. lea cada categoría y decida cuál lo describe mejor.

Extroversión/Introversión

El extrovertido obtiene su energía de quienes ¡o rodean; necesita gente a su alrededor. Le encanta el trabajo en equipo. Es más orienta- do al logro, es práctico, comunicativo y quiere actuar rápido. El introvertido obtiene su energía estando consigo mismo; disfruta trabajan- do individualmente y muestra un perfil bajo. Es más reflexivo y analítico. El extrovertido piensa mientras habla; el introvertido piensa y después habla. Cuando trabaje en un equipo, asegúrese de limitar el tiempo que hablan los extrovertidos y de preguntarle a los introvertidos su opinión. En una reunión de equipo donde éramos tres extrovertidos y un introvertido, tomarnos una decisión importante. A! cabo de dos se- manas de aplicación de los acuerdos de la reunión, me pareció que ¡a persona introvertida estaba contrariada. Cuando le pregunté qué le pasaba, me dijo que no estaba de acuerdo con la decisión tomada hacia dos semanas. Entonces le pregunté por qué no me lo había dicho antes, a lo que respondió: «nadie me ie preguntó».

El gerente genera! de una empresa mediana me pidió que lo ayude a aumentar la motivación de su equipo gerencial. Sentía que por más que tratara de motivarlos, no veía resultados. Sentía que sus reuniones eran aburridas y secas, que Íes faltaba un poco de energía. Cuando tuve la oportunidad de presenciar una reunión, entendí io que ocurría. El gerente general era bastante extrovertido y todo su equipo, sin excepción, era muy introvertido. No estaban desmotivados; simplemente así era su temperamento, callado e introspectivo. Le recomendé que cuando tuviese la oportunidad incorporara gerentes extrovertidos para balancear ei equipo.

Sensorial /Intuitivo

Ei sensorial se interesa por los detalles, por los datos específicos; tiene un razonamiento concreto y se centra en el presente. Al intuitivo le interesa el todo; se guía por corazonadas, tiene un razonamiento abstracto y se concentra en el futuro. El sensorial tiene los pies en la tierra: le gustan las cosas prácticas. Ei intuitivo tiene la cabeza en las nubes: es visionario y piensa lo que podría ser. Si le muestras un cuadro a un sensorial y le preguntas «¿qué ves?», su repuesta contendrá un conjunto enorme de detalles sobre el cuadro. Si le haces la misma pregunta a un intuitivo, te responderá con una descripción muy general y te manifestará sus emociones sobre el cuadro. La diferencia entre ambos radica en «a qué le prestan atención». Un equipo de puros sensoriales manejará bien detalles y cifras, pero le faltará visión y creatividad. Un equipo de puros intuitivos tendrá una visión maravillosa, pero difícilmente será capaz de ponerla en práctica.

Racional/Emotivo

El racionaI es objetivo, impersonal; piensa con la cabeza, toma decisiones complejas y valora la lógica. Ei emotivo es subjetivo, personal; piensa con el corazón, toma decisiones considerando a las personas, valora la armonía y la ayuda. El racional resuelve los conflictos tomando en cuenta lo justo y correcto; el emotivo lo hace considerando los sentimientos de las personas. En Estados Unidos, los ejecutivos racionales representan el 95% de la fuerza laboral. Pero los emotivos son indispensables para los equipos: ayudan a desbloquear conflictos; son empáticos y entienden mejor las necesidades de los clientes.

Cuentan que un viejo «racional» y un joven «emotivo» caminaban por la calle y se les presentó una rana. La rana se dirigió al viejo «racional» y le dijo: «Si me besas se romperá el hechizo, me convertiré en princesa y te amaré para el resto de tu vida». El viejo cogió la rana, la puso en su bolsillo y siguió caminando. Al ver que el viejo no hacía nada, el joven «emotivo» lo cuestionó: «¿Porqué no besas a la rana?   ¡Puede ser el amor de tu vida! ¡No pierdas la oportunidad!». El viejo «racional» le respondió: «A mi edad, prefiero una rana que hable»

Perceptor/Juzgador

Al preceptor le gusta tener varias alternativas abiertas para tomar decisiones. El juzgador las toma rápidamente, y una vez decidido no hay marcha atrás. El perceptor se sale del tema en las reuniones y divaga; rompe horarios y planes; empieza varios proyectos a la vez. Al juzgador le encantan las agendas establecidas, cierra punto por punto sin salirse del tema. No hay tortura más grande para un juzgador que una reunión que empieza fuera de hora, que se cambien horarios y planes. Ellos son ordenados, planificados y toleran poco la ambigüedad. Los juzgadores leen el periódico empezando por la primera sección y continúan ordenadamente hasta terminar. El perceptor, en cambio, lee de aquí y de allá buscando cosas que lo motiven. En una estadística basada en el test de Myers-Briggs se reporta que el 87% de las personas que ocupan puestos gerenciales son juzgadoras7. Esto resulta lógico, puesto que el orden y la planificación son cruciales para gerenciar. Pero los preceptores aportan cambio, alternativas y flexibilidad, tan necesarios el día de hoy.

De la misma forma que usted prefiere escribir con su mano derecha pero puede hacerlo con la izquierda con un poco de esfuerzo, usted puede variar su estilo de temperamento cuando lo desee.

Recuerde que la sal es rica en las comidas, pero su exceso les hace indigeribles. Lo mismo ocurre con los estilos. Una persona extremadamente extrovertida hará imposible el trabajo en equipo, pues no dejará hablar a sus compañeros. Una persona en extremo sensorial no permitirá a los otros miembros soñar ni visionar. Para trabajar en equipo exitosamente debemos conocernos, valorar nuestras diferencias y moderar nuestros estilos.

 

TRABAJO EN EQUIPO - MEJORANDO LAS REUNIONES

 ¿Cómo reaccionaria si es que en su empresa se gastan más de 200,000 dólares sin planificación ni control, y que ni siquiera son conscientes de lo que hacen? Posiblemente haría una revolución en el área de compras. Después de leer este acápite es probable que también haga una revolución en el manejo de reuniones en su empresa.

Se ha comprobado estadísticamente que las reuniones le cuestan a la empresa un promedio de 10% de su planilla. Si una empresa tiene costos anuales de planilla de 2 millones de dólares, sus reuniones le cuestan 200,000 dólares. Pero con tanta inversión, ¿logramos resultados? ¿Invertimos el dinero de la empresa adecuadamente? Cuando en mis talleres de liderazgo pregunto a los participantes acer­ca de la cantidad de reuniones que se realizan en sus trabajos, más del 70% opina quo son más de las necesarias, y que 40% de las re­uniones no son efectivas.


Imagínese que usted está en la Plaza Grau en medio de un atoro un autos terrible. Todos tocan la bocina y tratan, en vano, de avanzar. No hay policías y usted tiene una cita en cinco minutos. ¿Cómo se siente? Es esto, exactamente, lo que ocurre en las reuniones mal ma­nejadas. Todos quieren hablar, todos tienen su propia dirección. Nadie dirige el tráfico de las conversaciones, no se avanza nada y el tiempo «vuela».

Con el aumento del trabajo en equipo, las personas están trabajando cada vez más en reuniones. ¿Cómo se logra tener reuniones efectivas?

A continuación se detallan algunas sugerencias.

 Justifique la reunión

Recuerde que usted es e! responsable de manejar su tiempo. Si lo invitan a participar de reuniones, evalúe si debe asistir. Cuántas veces, estando ya sentado en una reunión, ha pensado: «¿qué dia­blos hago yo acá?» Que no le vuelva ocurrir Sea asertivo e indique los motivos por los cuales es preferible que usted no participe. Su hora de trabajo tiene un costo elevado y no debe desperdiciar los recursos de la empresa.

Si usted es el responsable de organizar la reunión, cuestiónese si realmente vale la pena tenerla. Si se trata sólo de compartir información. existen otras formas de hacerlo, como el correo electrónico o remitir informes impresos. Una reunión es necesaria cuando se deben tomar decisiones en conjunto, cuando se requiere motivar y unificar al equipo, cuando se tiene que resolver un problema que involucra al equipo o cuando es necesario planificar.

Planifique la reunión

Hacer una reunión sin agenda es como manejar un velero sin timón: la embarcación se dirige a cualquier destino. La corriente y los vientos la controlan. Lo mismo ocurre en una reunión sin agenda: las personas intervienen sin ninguna orientación clara, la reunión termina por lo general a la deriva y no se logran resultados. Planifique la agen­da de la reunión, pásela por adelantado a los participantes y expónga­ la los primeros minutos de la reunión. Luego, de acuerdo con el tiem­po, escoja en equipo los temas verdaderamente importantes y con­ céntrese en ellos.

Maneje el proceso

¿Qué pensaría si en un partido de fútbol el árbitro es miembro de uno de los equipos? No se puede dirigir y jugar un partido a la vez. No habría imparcialidad. Lo mismo ocurre cuando un líder es el encarga­do de moderar o facilitar una reunión. Éste tendría doble poder: poder de arbitro de la reunión y poder funcional. Los asistentes se sentirían cohibidos de participar o discrepar. Los líderes tienden a acaparar la atención. Por eso, es preferible que otra persona administre la re­ unión. Las funciones del moderador son planificar la reunión con apoyo del líder, dirigir el tráfico de intervenciones asignando y cuidando los tiempos, preocuparse de que los extrovertidos no acaparen la reunión y de que los introvertidos participen. Recuerde que los introvertidos no intervendrán a menos que usted les pregunte su opinión.

Asegúrese de iniciar la reunión leyendo los compromisos del acta anterior. Sino le hacemos seguimiento a los acuerdos, es posible que los encargos no se cumplan y los miembros del equipo se desmotiven.

Evalúe

Al finalizar la reunión pregunte: «¿qué debemos mejorar para la próxima reunión?» Abra una discusión en equipo durante los últimos cinco minutos de la reunión. Se sorprenderá de los resultados,

Finalmente, recuerde que las reuniones son para los equipos como el agua para las plantas. Un poco de agua las alimenta, las hace crecer y florecer. Demasiada agua las ahoga y las mata. No destruya a sus equipos con demasiadas reuniones o con reuniones interminables. Tenga pocas reuniones, bien dirigidas, y su personal, y la empre- sa serán los ganadores.


TRABAJO EN EQUIPO - TRABAJA USTED EN GRUPO O EQUIPO ?

 Antes de la segunda era Industrial lo común era trabajar en equipos. Un carpintero trabajaba con su familia, y a todos los unía una meta clara. Sabían cómo aportaba su trabajo al objetivo final. Con la segunda era industrial, el establecimiento de líneas de ensamblaje individualizó el trabajo. Las personas dejaron de ver la figura comple­ta, pues aportaban sólo una pequeña parte repetitiva del proceso, lo que fomentaba el individualismo en la sociedad

Ahora, el aumento de la competencia y la velocidad del cambio están cuestionando el individualismo. La velocidad en la producción de los conocimientos y su distribución inmediata por Internet hace imposible que una persona sola asimile la información.

En su libro La inteligencia emocional en el trabajo, Goleman menciona un estudio donde se preguntó: «¿Qué porcentaje de la sabidu­ría que necesita para hacer su trabajo está en su mente?» En 1986 la respuesta fue 75%; en 1997, sólo 20%2. Hoy tenemos que repartirnos en equipo ¡a responsabilidad de aprender y actualizarnos.

pueden trabajar en conjunto de dos formas: en grupos o en equipos. Cuando se trabaja en grupo las personas son responsables sólo de sus áreas. Su compromiso es sólo con sus propias metas. Por ejem­ plo, en un directorio los gerentes de Marketing, Finanzas y Operaciones responden sólo por sus áreas. En equipo, en cambio, la responsabilidad y ei compromiso es por todas las ¿reas y metas. En un equipo que desarrolla un producto, Integrado por personas de marketing, finanzas y operaciones, cada miembro tiene funciones definidas, pero el lanza­ miento del producto es responsabilidad de todos. No hay casilleros es­ tancos: comparten la Información y toman decisiones por consenso.

En grupo el nivel de confianza y comunicación es mediano. La comunicación se limita a! trabajo y no se tocan temas personales. En equipo el nivel de confianza es elevado y la comunicación fluida e íntima, lo que aumenta el grado de compromiso y la velocidad de res­ puesta. En grupo el trabajo termina en la oficina. En equipo, los miem­bros son como una familia y desarrollan actividades fuera de! trabajo. En grupo los conflictos son negativos y demoran en resolverse. En equipo los conflictos son retos de crecimiento, se los ve positivamente y se resuelven rápido. En conclusión, en equipo la productividad y la velocidad para lograr resultados se incrementa sustancialmente.

Pero trabajar en equipo o es fácil: requiere dejar hábitos Individualistas aprendidos en el colegio, la universidad y el trabajo. Estamos acostumbrados a comprometernos con el resultado de nuestro propio trabajo. Para trabajar en equipo tenemos que tomar el riesgo de comprometernos con el resultado de! equipo. ¿Qué pasa si ¡os compañeros no son capa­ ces? ¿S¡ no logran el objetivo? ¿Cómo quedo yo sí el equipo no funcio­na? Para trabajar en equipo debemos tener una actitud de servicio con nuestros compañeros y no buscar culpables si algo no sale bien. Los equipos no se forman de la noche a la mañana, sino que se requieren dos años de paciente trabajo y tolerancia entre les miembros.

A un maestro se le preguntó por la diferencia entre el cielo y el Infierno. Él respondió: «En el infierno hay un cerro de arroz y las personas sólo pueden comer con cucharas de tres metros de largo. Ven el arroz y se mueren de hambre. Las cucharas son tan largas que no pueden meterlas en su boca. En el cielo, en cambio, hay también un cerro de arroz y las personas disponen de las mismas cucharas largas, pero unos les dan de comer a los otros».

Trabajar en equipo es cooperar. Es eliminar las barreras individualistas y deshacer los territorios. Descubra eL gusto de trabajar en equipo y dejará de «trabajar» por el resto de su vida.


ENTREGA PODER - PARA DICTADORES Y SUBORDINADOS . SI SEÑOR

 Imagínese un equipo de fútbol donde sus jugadores, a excepción del capitán, están con los ojos vendados y las manos amarradas. En cada jugada tienen que pedirle al capitán que les indique lo que deben hacer. El equipo competidor metería los goles que quisiera sin ningún esfuerzo. Esto mismo ocurre en la empresa con líderes dictadores y subordinados «sí señor».

El líder autoritario y dictador se engancha neuróticamente con el subordinado «sí señor». Este tipo de líder tiene un problema de autoestima: en el fondo, no se siente competente, no siente que vale. Por eso necesita mandar, sentirse poderoso, tener la última palabra para demostrarse a sí mismo que es capaz. Si algún subordinado da alguna idea diferente de la suya, este tipo de líder la ve como una amenaza, ya que teme que descubran que no es competente. Por eso, con actitudes autoritarias y agresivas va formando subalternos sometidos que se limitan a decir «sí». El subalterno «sí señor» también tiene una baja autoestima. No se siente competente; por esto acepta las indicaciones sin cuestionarlas. Además es muy cómodo, ya que el hecho de que se haga lo que el jefe quiere implica que si sale mal la responsabilidad no es suya sino del jefe.


Las consecuencias para la empresa son desastrosas: el líder pierde información valiosa para la toma de decisiones: el persona! trabaja desmotivado, y muchas veces realiza las tareas por temor, sin creer en ellas; disminuye la velocidad de respuesta, puesto que hay que preguntar todo antes de actuar. Se crea una cultura del miedo: las personas no dicen lo que piensan abiertamente, pero critican destructivamente a escondidas, creando un clima laboral inadecuado.

La educación tradicional también contribuye a formar «sí seño­res», En mis talleres de liderazgo, cuando pregunto: «¿Cuántos de ustedes estudiaron en el colegio y la universidad por la nota y no por aprender?», todos levantan la mano. Estudiar por la nota es buscar la aprobación del profesor, es responder lo que e! profesor quiere escu­char. Luego salimos a trabajar y seguimos buscando la aprobación del profesor, que es ahora nuestro jefe.

Cuentan que un gran maestro hindú dijo a sus discípulos: «Vayan al pueblo y roben fondos para levantar el templo, pero cuiden que nadie los vea».

Los discípulos se quedaron perplejos: robar iba en contra de sus valores, pero si lo decía el maestro debía ser importante. Entonces, todos enrumbaron al pueblo, menos uno. El maestro se acercó a esta persona y !e preguntó por qué lo había desobedecido. Éste te respon­dió: «Maestro, nos has pedido que robemos sin ser vistos, pero donde yo vaya mis ojos me estarán mirando. No puedo cumplir lo que me pides». E! maestro lo miró y le dijo: «Discípulo, quédate, porque tú ya tienes construido el templo en tu corazón»

Hoy día se necesita personas que cuestionen, que no acepten las directivas como órdenes, que analicen y tengan la capacidad de dis­crepar. Que tengan la valentía y la integridad de vivir sobre la base de lo que piensan que es correcto. Personas que salgan de! negocio de buscar la aprobación de! jefe y pasen a! negocio de servir al cliente. Tal corno dice e! físico Tom Hirshfield: «Si tú no cuestionas lo suficien­temente seguido, alguien cuestionará: ¿por qué tú?»


ENTREGA PODER - LOS AUTOS ALQUILADOS NO SE LAVAN

Alguna vez en los talleres de liderazgo que dicto he preguntado a los participantes si en alguna ocasión han alquilado un auto. Normal­ mente 75% de ellos responde que sí, aunque lo hacen intrigados, por­ que no encuentran la conexión con el curso de liderazgo. Luego les pregunto si alguna vez lavaron el auto que alquilaron. Ante esta pre­ gunta, que causa mayor desconcierto, nadie levanta la mano. Como menciona Jack Pratt, de la misma manera que nadie se compromete a lavar un auto alquilado, nadie se compromete realmente a trabajar una idea de la que no tiene propiedad. Entonces les digo: «La próxima vez que alguien venga a consultarles un problema, ustedes tienen la posibilidad de escoger si alquilarles la solución o hacer que esa per­sona logre un mayor compromiso descubriendo su propia solución».

Ei autoliderazgo es la capacidad de liderarse a sí mismo. Si un líder quiere tener seguidores con la capacidad de autoliderarse, debe tratar de que éstos asuman cada vez más responsabilidad y autono­mía en la toma de decisiones. Un medio de lograrlo es permitir a las personas que descubran sus propias respuestas, propongan alterna­ tivas de solución a los problemas y estén capacitadas para resolver­ los sin siquiera consultar. Mientras menos consulte el subordinado en temas que él puede resolver, más tiempo tendrá el jefe para hacer mejor su trabajo.

Pero lograr esto no es fácil. Para el lider significa dejar de ser el héroe, el que tiene todo el poder y las ideas. Esto implica cambiar hábitos que pueden tener más de veinte años de vigencia. Para el subordinado tampoco es fácil. Significa asumir más responsabilidad y propiedad de los éxitos, pero también de los posibles fracasos. Cuan­ do el jefe da las ideas y decide, el subordinado se limita a ejecutar sin mayor responsabilidad. Pero cuando el jefe logra que el subordinado torne ¡a propiedad de las ideas, lo hace responsable.


ENTREGA DE PODER - LOS TORNILLOS NO SE PONEN CON MARTILLOS

 Imagínese que su hijo quiere aprender a manejar un auto. Lo primero que usted haría sería ponerlo al volante, indicarle cuáles son los pedales y los cambios y darle órdenes para avanzar. Usted estaría cerca del timón para proteger a su hijo. Después de caer en unos baches, de algunos sustos y equivocaciones, tendría que motivarlo suave y cariñosamente para que continúe intentando. Usted todavía estaría al costado para ayudado. Finalmente, cuando usted se diera cuenta de que el muchacho ya ha logrado la destreza necesaria, le prestaría el automóvil para que salga sucio.


En este ejemplo usted ha cambiado su estilo de liderazgo para adaptarlo a la situación. Empezó con un liderazgo directivo, dándole órdenes a su hijo, y terminó con un liderazgo facilitador para que su hijo manejase a! auto solo. Según Ken Blanchard, experto en liderazgo y gerencia, el estile de liderazgo no tiene por qué ser fijo, sino que debe variar de acuerdo con e! desarrollo del subordinado3, por ejem­plo, si su empresa contrata como asistente a un recién egresado de la universidad y su ¡efe usa un estilo de liderazgo que le otorga mucha autonomía y le delega muchas responsabilidades, el asistente ¡legará muy rápido a su nivel de incompetencia y terminará desmotivado, Y análogamente: si su empresa contrata a un profesional con muchos años de experiencia y su jefe usa un estilo de liderazgo muy directivo y restrictivo, se desmotivará y se irá.

Los pasos para modificar el estilo de liderazgo de acuerdo con la situación se describen en lo que sigue.

Medir el nivel de desarrollo del subordinado

Lo que significa definir las funciones más importantes del subordi­nado y evaluar su nivel de desarrollo en ellas. Por ejemplo, un tesore­ro puede ser muy diestro en la elaboración del flujo de caja, pero tener muy poca experiencia en el manejo de la relación con los bancos.

Compartir la información

Un subordinado prefiere normalmente autonomía y poder. Si us­ted cree que él no esta listo para recibirlos, debe ser transparente y explicarle el estilo de liderazgo que ha planificado usar y por qué. Acuerde el estilo a usar para cada función importante. En el ejemplo ante­rior, para desarrollar flujos de caja se debería usar un estilo delegativo: la persona trabaja sola. En cambio, para la función de relación con los bancos el jefe debería acordar ser más directivo para evitar errores. Cuando las reglas que norman la relación entre jefe y subordinado son claras; se evitan problemas de expectativas incumplidas.

Trazar un plan de entrenamiento

Como gerente, su labor más importante es lograr el crecimiento de su personal. Desarrolle un plan de entrenamiento para aquellas funciones que su persona! no puede desempeñar por su propia cuenta. Una de las razones por las cuales los gerentes no entrenan a su personal es el deseo de sus egos de sentirse necesarios y competen­ tes. Les gusta pensar que son los que más saben y sentirse superio­res a sus subordinados. Otra razón por la cual los gerentes no entre­nan a su personal es el temor de enseñar todo lo que saben y exponerse a quedarse sin trabajo. Ocurre justamente lo contrario, mientras más pueda delegar en su personal, mayor tiempo tendrá para desa­rrollar labores más creativas y estratégicas que tienen más visibilidad en la organización. Cuando exista la posibilidad de ascender usted podrá tornarla, puesto que tiene ya preparado su reemplazo.


ENTREGA PODER - CONSIDERACIONES PARA ENTENDER EL EMPOWERMENT

 En Latinoamérica son pocas las empresas que han puesto en prác­tica un verdadero programa para otorgar más poder a las personas. Deepak Chopra relata un experimento realizado con dos ratones. A uno se le dejó libre para que comiera, jugara y tomara su agua, mientras que al otro se le amarró una pita y se le empujó a comer, a jugar y a tomar su agua. Cuando ambos ratones fueron expuestos a diversos virus, el ratón al que se le empujaba, que no tenía control sobre su vida, contrajo todas las enfermedades: sus defensas estaban bajas. El otro no fue afectado por ios virus.

Este experimento demostró que tener control sobre nuestras vi­das nos motiva y nos da salud. Cuanto más distribuyamos e! poder y la toma de decisiones en la organización, más velocidad tendremos para responder a las demandas de nuestros clientes. No sólo será más motivador y saludable para nuestros empleados, sino que ade­más aumentaremos su confianza en la institución, porque la institu­ción les muestra con acciones concretas que confía en ellos.

Consideraciones para entender el empowerment.

El entorno competitivo actual exige que los gerentes se dediquen cada vez más a gerenciar y menos a realizar el trabajo de sus subordinados. ¿Cómo hacerlo?

Un día pregunté a un amigo empresario sí hacía empowerment en su organización. Él, a su vez, me preguntó sí estaba loco. «Dar poder para que los empleados asuman más responsabilidad y hagan un trabajo más independiente, no funciona. Los empleados tienen la costumbre virreinal de que les digan qué hacer y que los vigilen al milímetro. Hay que gerenciar con amor serrano: más te pego, más te quiero». Su respuesta me asombró. Al dar una vuelta por sus instala­ciones y entrar al área de informes al cliente, pude sacar mis conclu­siones. Había una gran cola, que avanzaba lentísimo. Dos de cuatro señoritas conversaban de la fiesta anual, mientras los clientes esperaban disgustados.

Empowerment no es ceder poder a los empleados. el poder ya lo tienen los empleados, pero para hacer menos y servir mal a sus clientes. Empowerment es liberar el poder positivo de los empleados para mejorar la calidad. No significa decirles «¡tienen autoridad para hacer lo que quieran!» Eso sería una anarquía que no beneficiaría ni a la empresa ni a los clientes.

Para conseguir los resultados del empowerment se debe primero definir para luego ampliar los límites de la autoridad y del poder de las personas en la organización. Estos límites están determinados por:

Conocer la misión de la empresa

La misión es una frontera saludable del poder. Si la misión de la empresa es fabricar acero de calidad, no queremos que un empleado innove la línea de productos fabricando pelotas de juguete. La misión debe ser conocida y compartida por la organización, para concentrar la energía creativa de las personas en lo verdaderamente importante para la empresa.

Autonomía para utilizar recursos

¿Qué autonomía puede tener una persona que necesita pedir autorización hasta para comprar goma para pegar los sobres que en­ vía a sus clientes? Si queremos rapidez, tenemos que dar a las personas capacidad de gasto con autonomía, definiendo los límites de acuerdo con la naturaleza de cada puesto. Cuando los empleados manejan y controlan su propio presupuesto, se preocupan mucho más por optimar sus compras y ahorrar recursos. Se convierten en pequeños empresarios dentro de la organización, lo que aumenta su motivación y eficiencia.

Flexibilizar normas y políticas

Las normas y políticas son necesarias para ei manejo ordenado de una organización, pero pueden paralizar a nuestros empleados en ei servicio al cliente. Cuando se habla una revisión de las normas de una organización (si es que se revisan, porque en muchas empresas son tan sagradas como las tablas de Moisés), debería haber participación tanto de los gerentes como de quienes están más cerca de! cliente. Ellos saben qué normas y políticas desagradan a los clientes y cuáles hay que flexibilizar.

Cuentan que una señora se jactaba ante sus amigas de la gran receta de su abuela para hacer asados al horno. Ella había visto que su abuela hacía un corte al asado, unos 5 cm antes del final y lo metía al horno. El resultado era increíble. Un día que la abuela estaba en su casa le comentó: «Abuela, ¡qué gran secreto e! corte del asado! ¿Quién te lo contó?» La abuela le respondió: «¿De qué estas hablando? Aquí no hay secretos. Lo que ocurre es que mi horno era muy pequeño y el asado no entraba; por eso lo cortaba».

Cuántas veces mantenemos en la empresa normas y políticas que fueron hechas para una realidad distinta de la que hoy vivimos. Hoy día, la velocidad del cambio requiere que las normas y las políticas se adecúen a las transformaciones que tienen lugar en los negocios.

Información conocida

¿Alguna vez ha tratado de armar un rompecabezas sin ver la figu­ra final? Si no tenemos información del lugar de cada pieza, tomar la decisión de ponerla es muy difícil. Lo mismo ocurre en la empresa. Si los empleados no tienen la información completa de toda la organiza­ción, ¿cómo les podemos pedir que colaboren, como equipo, en el incremento de la calidad, o en bajar los costos?

¿Cómo se sentiría usted si va en un avión y cuando la nave pasa por una zona de turbulencia severa los compartimientos del avión se abren por el movimiento, se caen los maletines de mano y se arma una confusión? Si el piloto no dice absolutamente nada durante toda la turbulencia, es probable que usted sea puesto al borde de un ata­ que de nervios. ¿Pero qué pasaría si el piloto le comunica que en 10 minutos entrará en una zona de turbulencia severa y le dice que no se preocupe, que es norma!, que el avión se moverá un poquito pero que no pasará nada? Usted se prepara mentalmente, y pasa tranquilo la crisis. La diferencia entre la primera y la segunda situación es la infor­mación. Cuando tenemos información sentimos que las cosas están bajo control, que tenemos poder.

Recuerde que la información es poder, y que no debemos tener miedo de compartirla. Nuestra competencia está afuera, no adentro.

Desarrollo del subordinado

Una persona que apenas empieza no puede tener igual poder que una persona que trabaja en la empresa hace tres años. Los gerentes deben formar y desarrollar al personal para que incremente su autonomía de manera paulatina. Su función debe ser más la de un entrenador que la de un capitán.

Autonomía en la toma de decisiones

El número, la Importancia y el nivel de toma de decisiones es qui­ zá el límite más importante de poder de una persona en la organiza­ ción. Es frecuente encontrar empresas donde personas con mucha experiencia y capacidad en un puesto deben pedir autorización al jefe para tomar casi todas las decisiones. Como ejercicio rápido, pida a su subordinado que le detalle sus funciones y diga cuáles decide totalmente solo, cuáles decide con otras áreas y cuáles decide consultando con usted. Quizá se sorprenda de la poca autonomía que tiene. SI quere­mos servir mejor a nuestros clientes, la velocidad de respuesta es crucial, y ésta será muy lenta si tenemos que autorizar cada decisión.

Ya es hora de que los gerentes y jefes de una organización dejen de hacer el trabajo de los subordinados. Lo que ellos deben hacer es dedicarse a las labores para las que fueron contratados: pensar, de­sarrollar estrategias, proponer mejoras continuas e innovaciones. Si lo que se necesita es responder con calidad y rapidez a los clientes en entornos competitivos, los gerentes y jefes deben motivar a su perso­nal para obtener su máximo potencial, y para ello es indispensable entregar poder.


COMUNICACION EFECTIVA - HABLANDO DEL MIEDO DE HABLAR

 Si estuviéramos en la selva y nos encontráramos con un tigre salvaje, nuestro cuerpo experimentaría la respuesta condicionada de «pelea/fuga». Nos subiría la adrenalina, que nos prepara ante una posible pelea o fuga. El ritmo cardíaco se aceleraría para bombear más sangre a las extremidades, de manera que estemos en mejores condiciones para pelear o correr, y al cerebro, para pensar. Se eva­cuaría la sangre del estómago, la parte más vulnerable a los dientes de una bestia. Aumentaría la respiración para enviar más oxígeno a la sangre y finalmente se clausuraría la parte racional de! cerebro para que nos podamos concentrar exclusivamente en correr o pelear.

La respuesta de «pelea/fuga» es una conducta que se remonta a la época de las cavernas, cuando el hombre era acechado por bestias salvajes. Hoy, cuando nos paramos al frente de un auditorio, nos ocurre exactamente lo mismo. Vemos a las personas como si fueran unos tigres salvajes que nos quieren comer, y la respuesta «--pelea/fuga» se activa, A continuación se describen  los antídotos  para este problema.


Piense en servir y no en pedir

Recuerde alguna vez en la que usted le haya pedido algo a una persona que tenía autoridad sobre usted y a la que no conocía mu­ cho. ¿Corno se sintió? Ahora recuerde alguna oportunidad en la que usted quiso servir con amor y de forma desinteresada a una persona en las mismas condiciones antes planteadas. ¿Cómo se sintió? Lo más probable es que en el primer caso haya tenido miedo, y en el segundo no.

Cuando nos paramos frente a un público para pedir aprobación, admiración y aceptación, nuestro ego tiene mucho que perder. Así, al exponerse a una posible tragedia consistente en sentirse poco queri­do o aceptado, entra en pánico. En cambio, cuando nos paramos frente al público con una actitud de servicio, el miedo disminuye. Si nos en­frentamos al público con una actitud de entregarle lo mejor que pode­mos ofrecer, de enriquecerlo y ayudarlo, el miedo no tiene cabida.

Prepárese, prepárese, prepárese

Otro antídoto contra el miedo es prepararse. Los expertos reco­miendan decir en voz alta el discurso por lo menos seis veces antes de darlo. Otro aspecto que contribuye a reducir el miedo es conocer anticipadamente a nuestra audiencia: ¿Quiénes son?, ¿Cuánto saben del tema?, ¿vienen obligados o por propia voluntad?, ¿Qué preguntas pueden hacer? Como dice Malcolm Kushner: «La audiencia es como una rosa: si la agarras bien puedes disfrutar su belleza, pero si la coges mal, te hincas».

No pierda la perspectiva

Vista con una lupa de gran aumento, una mosca parece una bes­tia horripilante, pero cuando la vemos volar en su tamaño natural es un insecto insignificante. El miedo de hacer una presentación es simi­lar. Lo vemos como un problema enorme, pero en realidad debemos poner las cosas en perspectiva. Es sólo una presentación de 30 minutos o una hora. ¿Qué puede significar este tiempo en toda una vida?

El miedo de hablar en público se basa en tigres imaginarios que llevamos en la mente y que no tienen sustento en la realidad. Para vencer el miedo tenemos que arriesgarnos y enfrentarlo aprovechan­ do todas las oportunidades que se presenten para hablar. Como dijo Franklin D. Roosevelt: «No tenemos nada que temer, excepto al te­ mor en uno mismo».


COMUNICACION EFECTIVA - EL PODER DE LA PALABRA

 ¿Qué pensaría de un agricultor que pone veneno en el agua con que riega sus sembríos? Que está loco, ¿verdad? ¿Y qué hacen los ejecutivos de una empresa cuando hablan a espaldas de sus compa­ñeros? Están envenenando la cultura organizacional con desconfian­za y desunión, lo que trae como resultado una merma de la productividad. No tiene sentido, pero es frecuente en las empresas. ¿Por qué?

Imagínese la siguiente situación. El gerente de Finanzas cuenta lo incapaz que es el gerente de Marketing ante una crisis. Se burla, describe sus errores y termina diciendo que no entiende cómo puede haber un gerente tan incompetente. Este gerente financiero no está buscando mejorar la gerencia de la empresa: está tratando de elevar su ego menospreciando al gerente de Marketing. El deseo de elevar nuestro ego es la causa principal del «raje» en las organizaciones.

A continuación, algunas  sugerencias para evitar este problema:

Instituya la regia de las cartas abiertas

«Nadie dice algo de otra persona si esa persona no lo ha escuchado primero.» Es increíble el tiempo productivo que se gana cuando las personas dejan de conversar a espaldas de sus compañeros. Sin embargo, cuando un coiega o subordinado empiece e! «raje», deje que ocurra, o diga nada en ese momento. Recuerde que el ego es el motor del «raje ». Si usted le muéstrase error, es posible que lo niegue y el ego explóte en ira. Deje pasar unas horas y hágale presente el incidente, Estará más dispuesto a escuchar y cambiar.

Dé el ejemplo.

La regla de las cartas abiertas funcionará sólo si usted da el ejempló primero. Esto no es fácil. En el Oriente los yogis tienen la costum­bre de enrollar su lengua dentro de la boca. Para hablar tienen que desenrollar primero la lengua, lo que les da tiempo para pensar lo que van a decir. Si usted posee una metralleta, seguramente la tiene con el seguro puesto para que no se escape ninguna bala. Bueno: su boca también puede ser una arma peligrosa. Póngale seguro y piense antes de hablar.

Cuentan que un maestro oriental estaba en la casa de una familia recitando una oración a un niño enfermo. Un amigo de la familia que observaba se le acercó al final de la oración y le dijo: «Dígales la verdad; unas palabras no van a curar a este niño; no los engañe». El maestro se volvió, lo insultó y le contestó gritando que no se metiera en el asunto. Este maltrato verbal sorprendió muchísimo al amigo de la familia, pues los maestros orientales nunca se alteran. Después se sonrojó, se alteró y empezó a sudar profusamente. Entonces el maes­tro lo miró con amor y le dijo: «Si unas palabras te ponen rojo, te alteran y te hacen sudar, ¿por qué no pueden tener el poder de curar.

Usemos en la empresa el poder de nuestras palabras para cons­truir y no para destruir. Esta actitud no sólo beneficiará el clima organlzacional, sino que también incrementará nuestra propia paz y tranquilidad.


COMUNICACION EFECTIVA - EL RESPETO EN LA COMUNICACION

 Imagínese la siguiente situación en la empresa: un subordinado le entrega al jefe un informe que le ha tomado mucho tiempo y esfuer­zo. Ei jefe lo empieza a leer y a la segunda página le grita a! subordi­nado que es un inepto, que el informe no sirve para nada y que cómo es posible que haga las cosas tan mal. El subordinado mira ai jefe en silencio y no ¡e dice nada. Sale de la oficina y lo primero que hace es contarle a todo el personal lo injusto que es el jefe. Luego empieza a sabotearlo disimuladamente: llega tarde a reuniones convocadas por él, incumpla encargos importantes, manipula al personal para que desconfíe de él y hace comentarios hirientes.

Esta situación, frecuente en el mundo empresarial, muestra dos estilos de comunicación: agresivo y pasivo. Las personas con un es­ tilo agresivo explotan ante los problemas. Suelen menospreciar el trabajo de los demás, piensan que ellos siempre tienen la razón, son dominantes, invaden el espacio de las personas y les gusta ser el centro de atención.

Tanto el pasivo como el agresivo son estilos de comunicación en los que se presenta un déficit de respeto. En el caso del agresivo, le falta el respeto a los demás. En el caso del pasivo, le falta saber res­ petarse a sí mismo. El mejor estilo de comunicación es aquel en el que la persona respeta a los demás y también se respeta a sí misma. Este es el estilo «asertivo», por el que la persona asume la responsa­bilidad de su vida. En el mencionado caso del jefe-subordinado, aquél hubiese logrado mayor motivación de éste si le hubiera hablado con respeto, si le mostraba los puntos del Informe que debían ser mejorados y le explicaba más claramente lo que esperaba. Por otro lado, el su­bordinado hubiera podido tomar responsabilidad sobre su vida y ha­blar directamente con el jefe en vez de atacarlo disimuladamente. Hubiese podido hablar con el jefe sobre sus maltratos, explicarle con respeto cómo se sintió y solicitarle un trato más amable y respetuoso.

Cuentan que un discípulo muy agresivo que quería perjudicar a su maestro tomó una paloma en sus manos y planificó preguntarle al maestro si estaba viva o muerta. Él le mostraría lo equivocado que estaba triturando la paloma si su maestro decía que estaba viva, y soltándola si decía que estaba muerta. El discípulo se acercó al maestro y le preguntó: «Maestro, ¿la paloma esta viva o muerta?» El maestro lo miró con mucho respeto y le respondió asertivamente: «Hijo mío, la respuesta está sólo en tus manos».


COMUNICACION EFECTIVA - SABEMOS ESCUCHAR ?

Un hombre soberbio visitó a un maestro y le pidió que le enseñara lo que sabía. Le dijo que aunque ya había aprendido todo lo necesario de diversos maestros, igual quería escucharlo. El maestro le ofreció una taza de té. Al servirla, no reparó que había llegado al borde de la taza y el té se derramó sobre la ropa de su visitante. El hombre, molesto, le dijo: «¿Qué puedes enseñarme tú, si ni siquiera sabes servir el té?» El maestro respondió: «Como esta taza, tu mente está llena de ideas. Si te doy rnás conocimientos, se derramarán como el té. Regresa cuando la taza de tu mente esté vacía y quieras verdaderamente escuchar»'.


Según un estudio de Ralph Nichots, escuchamos sólo 40% de nuestro tiempo Esto significa que también 40% de la planilla de una empresa se invierte en escuchar. ¿Cuán efectiva es esa inversión? Cuando ¡a empresa compra un activo, invierte un esfuerzo considera­ble en optimar la compra. ¿Qué estamos haciendo para optimar ¡a tremenda Inversión de escuchar?

Un discípulo dedicado a una vida contemplativa le preguntó a su maestro: «¿Por qué es tan difícil escuchar? La gente no se escucha, y es tan fácil hacerlo». El maestro prometió responder si antes llevaba una jarra llena de líquido a una distancia de 100 metros sin derramar una gota, pues el líquido era muy importante. El discípulo cumplió con esmero el encargo y regreso exitoso ante el maestro. Éste le preguntó si había escuchado cómo lo había llamado varias veces. El discípulo confesó, avergonzado, no haber escuchado nada. El maestro le respondió: «¿Te das cuenta lo difícil que es escuchar si lo único que nos importa es probarnos que somos competentes?»

Dejemos de escucharnos sólo a nosotros mismos, escuchemos empáticamente a los demás. No sólo lograremos mejores resultados, sino que además contribuiremos al bienestar de las personas de nuestro entorno.

 

APRENDIZAJE - EL VERDADERO TESORO

 Cuentan que, antes de morir, un hombre muy trabajador Íes dijo a sus hijos que había dejado enterrado un tesoro en el campo. Para encontrarlo tenían que remover la tierra cuidadosamente. Cuando el hombre murió, los hijos, que eran flojos y no tenían el hábito de traba­jar, empezaron a remover la tierra para encontrar el tesoro. Trabaja­ ron arduamente, pero no encontraron nada. Como ¡a tierra ya estaba removida, decidieron sembrar el campo. Cosecharon y recaudaron mucho dinero. Ei dinero les hizo recordar el tesoro de su padre, y volvieron a remover toda la tierra para encontrarlo. Como no hallaron nada, decidieron que sembrarían por segunda vez. Nuevamente co­secharon y obtuvieron grandes ganancias. Siguieron haciendo esto varios años, lo que les permitió obtener riquezas y acostumbrarse al trabajo. Finalmente entendieron que el verdadero tesoro que su padre les había dejado era ia sabiduría para romper sus hábitos de flojera y pereza y reemplazarlos por nuevos hábitos de trabajo.

Los hábitos son conductas subconscientes que determinan nuestro comportamiento. El aspecto positivo de los hábitos es que facilitan ia vida rutinaria. Por ejemplo, cuando manejamos el auto para dirigirnos al trabajo vamos como en automático, y muchas veces llegamos sin si­ quiera percatamos del recorrido. Los hábitos simplifican la vida si no existieran tendríamos que pensar todo lo que hacemos, lo que reduciría nuestra productividad. El aspecto negativo de los hábitos es que nos encadenan, con lo que limitan el aprendizaje de conductas mejores.

En una empresa había un gerente que no tenía el hábito de motivar adecuadamente a su personal. El gerente se jacta­ba de ser un gran motivador. El primer paso para cambiar un hábito, según La escalera del conocimiento de William Howell,es subir el escalón de la «inconciencia de la incompetencia» a la «conciencia de la incompetencia». El gerente tenía que entender que no sabía moti­var. Así que le mostramos una encuesta que reflejaba la desmotivación de su personal, y tuvo que aceptar la realidad. Luego le enseñamos a motivar. El gerente estaba ya en el siguiente escalón, tomando «con­ ciencia de la competencia». Es decir, estaba alerta cuando hablaba con su personal, aplicando los técnicas aprendidas. Después de algu­nas semanas pasó al escalón de la «inconciencia de la competencia», es decir, ya no pensaba en las técnicas, sino que las usaba de forma automática; ya eran un nuevo hábito.


APRENDIZAJE - REPRESANDO CONOCIMIENTOS

 Los ríos irrigan los territorios alimentando los campos en su reco­rrido y dando vida a las personas. Su potencial se desperdicia cuando el agua no es almacenada y va al mar. Lo mismo ocurre con el conocimiento en las empresas. Invierten grandes recursos en capacita­ ción, pero ¿cuánto conocimientos se represa en ia empresa? ¿Cuán­ to de lo aprendido se aplica irrigando las áreas de la empresa con Ideas frescas y nuevas tecnologías? ¿Cuántos conocimientos termi­na en los mares de la competencia cuando perdemos nuestros em­pleados? Cuando compramos un equipo en la empresa, ¿nos asegu­ ramos de que lo usen, de que no se pierda y sea utilizado para ganar calidad o ventajas competitivas? Si queremos lograr organizaciones «aprehendientes», tenemos que percibir el conocimiento como un activo tan importante como los equipos y crear un sistema para almacenarlo, cuidarlo y difundirlo.


Un estudio presentado por Albert Meharavian en su libro Silent Messages reveló que los asistentes a programas de capacitación empresariales retienen, en promedio, sólo 10% de lo enseñado’. Si quiere aumentar esta retención, ponga en práctica una política para que los asistentes enseñen el curso aprendido a sus equipo de traba­ jo. Si tienen que enseñar los temas, prestarán más atención, tomarán mejores notas y estudiarán a fondo para aplicar y enseñar lo aprendi­do. Por otro lado, con esta política estamos difundiendo el conoci­miento dentro de la empresa y logrando un mayor retorno sobre la inversión en capacitación.

Hoy el conocimiento en una disciplina se renueva cada dos o tres años. La destreza más importante que debe tener en ejecutivo es «aprender a aprender». Así se mantiene actualizado y ayuda a su organización a ser competitiva. Pero ni en el colegio ni en la universidad nos formaron esta habilidad. Nos acostumbraron a ser receptores pasivos del conocimiento, a recibir exposiciones teóricas, a tomar no­ tas y a recibir evaluaciones memorísticas. No descubrimos información ni investigamos por nuestra cuenta. Una fuente externa a nosotros, el profesor, dueño de los conocimientos, nos limitaba a repetirlos. Hoy te­nemos que lograr por nuestra cuenta el hábito de «aprender a aprender». Cuando quiero dominar alguna destreza, decido enseñarla. Sólo al estudiar, aplicar y enseñar se logra el mejor aprendizaje.


APRENDIZAJE - EL LIDERAZGO NO SE ENSEÑA, SE APRENDE

 La mente de un alumno es como un vaso que viene a las clases medio lleno de preocupaciones, tensiones y problemas. Si el instruc­tor empieza a vaciarle la jarra de agua de sus conocimientos, llegará un momento en que el agua colmará el vaso de su mente. Si el profe­sor continúa sin dejar que el alumno digiera o tome el agua que ha vaciado, ei agua simplemente se rebalsará y el alumno sólo asimilará muy poco de los conocimientos en ella contenidos. Si el profesor si­gue hablando sin hacer que el alumno utilice la información ésta no será retenida.

La enseñanza tradicional de liderazgo es de estilo bancario. El profesor deposita la información teórica en la mente del alumno. Pero el liderazgo es de estilo bancario. El profesor deposita la información teórica en la mente del alumno. Pero el liderazgo no se enseña así, porque es una competencia que tiene un componente de conocimientos, habilidades y actitudes. Sólo los conocimientos del liderazgo se pueden enseñar de una forma teórica, pero las habilidades y actitudes necesarias para la formación de líderes requieren otro tipo de metodologías. Si su hijo quiere aprender a nadar, ¿usted lo mandaría a una academia donde le enseñen la teoría del nado con diapositivas de los diferentes movimientos y después lo prueben en altamar? Obviamente, no. La única forma de aprender una habilidad es practicán dola, y eso mismo es lo que precisa el liderazgo.

Cuentan que un gerente siguió un curso teórico de liderazgo don­ de «aprendió» la importancia de ser participativo. Terminado el curso, reunió a sus subordinados y les dijo: «¡Quiero que a partir de ahora sean participativos! ¿Me han entendido bien? ¡No quiero escuchar ninguna excusa! ¡Desde ahora, todos son jefes participativos con su personal!»

Si se quiere formar líderes en la empresa, se debe dejar la ense­ ñanza tradicional del liderazgo y concentrarse en que las personas ¡o aprendan viviéndolo. Además, se debe capacitar primero a los profeso­ res naturales de la empresa, los gerentes. Con su ejemplo, ellos serán los verdaderos formadores de los futuros líderes de la organización.


EQUILIBRIO - REACCION O CREACION

Un gerente trabajó muy duro con su equipo para ganar una licita­ción, pero su empresa quedó descalificada por la falta de un docu­ mento. El gerente, furioso, maltrató y gritó a su equipo, y humilló a ¡a persona que debió responsabilizarse. Al poco tiempo el gerente des­ cubrió que no hubo error en su equipo, sino más bien un problema en la licitación. Se arrepintió y se avergonzó.

Ante un estímulo externo (perder la licitación), el gerente se dejó llevar por sus instintos y miedos. Entró en un ciclo negativo y destruc­ tivo para él mismo y para ¡a organización. Reaccionó apresuradamen­ te creando un entorno de desconfianza poco motlvador.


En su libro Conversaciones con Dios, Neale Donald Walsch iden­ tifica dos alternativas para enfrentar situaciones: la creación o la reac­ción; palabras que significan cosas contrarias, pero que se escriben con las mismas letras. En la reacción no existe control sobre lo que hacemos. Perdemos el poder; no somos responsables por nuestros actos y buscamos un culpable. En la creación, en cambio, somos li­ bres de responder ante un estímulo, tenemos poder sobre nuestros actos y enfrentamos con creatividad y positivismo las circunstancias.

Cuentan que en un país lejano vivía un hombre que tenía un ca­ballo muy fino al que quería mucho. Un día el caballo fugó. Su vecino se acercó y le dijo: «Es una pena que se escapara el caballo». El hombre respondió: «No sé si es bueno o malo». Al día siguiente su caballo regresó junto con una yegua muy fina, Vino el vecino y le dijo: «Qué suerte tienes». El hombre respondió: «No sé si es bueno o malo». Días más tarde su hijo se rompió la pierna al tratar de domar a la yegua. El vecino corrió a auxiliarle y le dijo: «Qué desastre lo de tu hijo». El hom­ bre dijo: «No sé si es bueno o malo». Al poco tiempo el país entró en guerra, vino el vecino llorando y le dijo: «Mis hijos se fueron a la guerra, quizá no regresen nunca. Tienes suerte de que tu hijo siga mal de la pierna». El hombre respondió: «No sé si es bueno o malo».

Cuando nos enfrentemos a circunstancias en el trabajo tratemos de actuar como este hombre: con desapego. Las cosas no son bue­ nas ni malas; son nuestra percepción y voluntad las que finalmente definen dónde colocamos la C, en la reacción o creación de nuestro futuro.

 

EQUILIBRIO - EL HABITO DE GOLPEARSE LA CABEZA CONTRA LA PARED

 «Qué pensarían si encuentran en la calle a una persona golpeándose la cabeza contra una pared con mucha fuerza. Tiene la cabeza totalmente ensangrentada, pero lo sigue haciendo. Lo más probable es que piensen que está loco. ¿No hacemos nosotros lo mismo cuan­do tenemos un problema difícil de resolver. Con la PREOCUPACIÓN NO nos golpeamos la cabeza físicamente, pero sí mentalmente. A pesar de que ei problema nos angustia, nos llena de miedo y nos tortura, le seguimos dando vueltas.


Es cierto que la preocupación tiene el objetivo de cuidarnos como especie. Gracias a la preocupación nos hemos salvado de ser devo­ rados por bestias salvajes. La preocupación es una emoción que nos alerta de un posible peligro o dificultad. Cuando suena la alarma de nuestro auto corremos para ver qué sucede, y cuando constatamos que no pasó nada, la apagamos. No se nos ocurre manejar con la alarma encendida por toda la ciudad. Sin embargo, cuando suena la alarma mental de la preocupación y nos alerta sobre un problema, generalmente la dejamos prendida, lo que desgasta nuestras bate­ rías. Cuando vivimos preocupados no sólo se reduce nuestra capaci­ dad de pensamiento, sino que además dañamos nuestro cuerpo.

En un estudio hecho a 75 pacientes de cáncer, los investigadores de la Universidad de California, LA, descubrieron que existía un vínculo directo entre el estado mental del paciente y el sistema inmunológico. Descubrieron que emociones negativas severas debili­tan el sistema inmunológico.

Si las preocupaciones y angustias nos hacen daño, entonces ¿por qué nos preocupamos? Quizá porque nos gusta tener la razón. Cuan­ do nos preocupamos filtramos lo bueno y nos concentramos en lo malo. Estamos pendientes de lo que puede suceder y nuestros pen­ samientos son negativos. Como la mente es muy poderosa y lo que se piensa generalmente se cumple, es más frecuente que confirme­ mos que lo que presagiábamos era correcto; es decir, que nos pase lo malo, este resultado va creando un hábito de preocupaciones4. La preocupación no permite que veamos objetivamente un problema. Cuando terminemos de preocuparnos veremos que cualquier circuns­ tancia se puede superar con esfuerzo y persistencia.