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LA DEPRESION INFANTIL

 Sin embargo, el hallazgo de que los episodios benignos de depresión infantil predicen episodios más graves en el futuro pone de relieve la necesidad no sólo de tratar la depresión infantil, sino también de prevenirla. Los hallazgos contradicen la creencia arraigada de que la depresión infantil no tiene importancia a largo plazo porque los niños "la superan naturalmente al crecer". Evidentemente, todos los niños se sentirán tristes de vez en cuando, y al igual que la edad adulta, la infancia y la adolescencia son épocas de decepciones ocasionales y pérdidas más o menos importantes con los correspondientes arrepentimientos. Sin embargo, con necesidad de prevención no hablamos de estos casos, sino de otros estados de depresión más graves, donde la espiral de depresión lleva lentamente a los niños a la tristeza, la desesperanza, la irritabilidad y la desesperanza. 



Tres cuartas partes de los niños obligados a recibir tratamiento por depresión mayor recaen posteriormente, según datos compilados por Maria Kovacs, psicóloga de Western Psychiatric Research and Clinics en Pittsburgh, el estudio de Kovach comenzó cuando los niños diagnosticados con depresión tenían ocho años y continuó con un seguimiento regular, en algunos casos hasta los veinticuatro años. 

La duración media de un episodio depresivo en la infancia es de unos once meses, pero uno de cada seis continúa hasta los dieciocho años. Por sí sola, la depresión moderada, que aparece en algunos niños a partir de los cinco años de edad, es menos incapacitante pero dura más (un promedio de cuatro años). Kovacs también descubrió que los niños con depresión leve tienen más probabilidades de desarrollar depresión grave (la llamada depresión doble). Y las personas con trastorno bipolar tienen más probabilidades de repetir episodios más adelante en la vida. En la adolescencia y principios de la edad adulta, los niños que experimentan un episodio depresivo experimentan, en promedio la depresión o el trastorno bipolar ocurre cada tres años. 

Pero el precio que pagan estos niños no es sólo el dolor de la depresión. Según Kovacs, "los niños aprenden a utilizar habilidades sociales en las relaciones que desarrollan con sus compañeros", Por ejemplo, si una persona quiere algo que le falta, verá cómo otros niños manejan la situación y luego intentará conseguirlo por sí mismo. Pero los niños deprimidos suelen acabar en las filas de los niños rechazados, con los que nadie quiere jugar. La duda y la tristeza que sienten estos niños les hace evitar el contacto social o mirar hacia otro lado cuando alguien intenta contactar con ellos, señal que muchas veces se interpreta como rechazo. El resultado final es que el niño deprimido es ignorado o rechazado. Esta falta de bagaje interpersonal les impide aprovechar el aprendizaje natural que se produce en el ajetreo y el bullicio del patio de recreo, por lo que a menudo llevan consigo un bagaje emocional y social cuando salen de la depresión. En resumen, el hecho es que los niños deprimidos son más incompetentes socialmente, tienen menos amigos, tienen menos probabilidades de ser elegidos como compañeros de juego, son generalmente menos populares y, por tanto, tienen más problemas de relación. 

Otro precio que estos niños tienen que pagar por la depresión es el bajo rendimiento académico. La depresión afecta la memoria y la concentración, impidiéndoles concentrarse y absorber lo que se les enseña. A un niño que no está entusiasmado con algo le resultará casi imposible reunir suficiente energía para sentirse estimulado de alguna manera por las lecciones del maestro (sin mencionar que no podrá experimentar el estado de "flujo" que analizamos en el capítulo 6). Según la investigación de Kovach, los niños cuya depresión dura más tiempo tienen peores resultados académicos y tienden a retrasarse en la escuela. De hecho, parece haber una correlación directa entre la duración de la depresión de un niño y su rendimiento académico, ya que el rendimiento académico de los niños cae drásticamente durante un episodio de depresión. Por sí solo, el bajo rendimiento académico sólo agrava la depresión porque, como dice Kovacs, "no es difícil entender lo que sucede cuando una persona comienza a sentirse deprimida, se suspende y tiene que quedarse en casa para estudiar sin salir a Jugar con otros.


«LA MENTE DEL CUERPO»: RELACIÓN ENTRE LAS EMOCIONES Y LA SALUD

 Un descubrimiento realizado en 1974 en el laboratorio de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Rochester nos obligó a recomponer el mapa biológico que hasta aquel momento teníamos sobre el cuerpo. El psicólogo Robert Ader descubrió que, al igual que el cerebro, el sistema inmunológico también es capaz de aprender, un hallazgo ciertamente sorprendente porque el conocimiento médico imperante por aquel entonces sostenía que el cerebro y el sistema nervioso central eran los únicos capaces de adaptarse a las exigencias del medio modificando su comportamiento. El hallazgo realizado por Ader inauguró una investigación que permitió descubrir las múltiples vías de comunicación existentes entre el sistema nervioso y el sistema inmunológico, las miles de conexiones biológicas que mantienen estrechamente relacionados la mente, las emociones y el cuerpo.



En este experimento, Ader administró a varias ratas blancas una medicación

—que iba acompañada de la ingesta de agua edulcorada con sacarina— que disminuía artificialmente la cantidad de leucocitos T (destinados a combatir la enfermedad). Pero Ader descubrió, no obstante, que la mera administración de agua con sacarina —sin ningún tipo, por tanto, de medicación inhibidora— seguía provocando un descenso tal del número de células que algunas ratas terminaron enfermando y muriendo. Este experimento demostró que el sistema inmunológico había aprendido a responder al agua con sacarina, algo que, según el criterio científico prevalente, carecía de todo sentido.

Según el neurocientífico Francisco Varela, de la Escuela Politécnica de Paris, el sistema inmunológico constituye el « cerebro del cuerpo» , el que define su sensación de identidad, de lo que le pertenece y lo que no le pertenece.' Las células inmunológicas se desplazan por todo el cuerpo con el torrente sanguíneo, estableciendo contacto con casi todas las células del organismo y atacándolas cuando no las reconoce, cumpliendo así con la función de defendernos de los virus, las bacterias o el cáncer. Pero también puede darse el caso de que las células inmunológicas interpreten equivocadamente el mensaje de ciertas células del cuerpo y terminen ocasionando una enfermedad autoinmune, como la alergia o el lupus, por ejemplo. Hasta el día en que Ader realizó su imprevisto descubrimiento, los fisiólogos, los médicos y hasta los biólogos consideraban que el cerebro (con sus diferentes ramificaciones a través del cuerpo vía sistema nervioso central) y el sistema inmunológico eran entidades independientes y, por tanto, incapaces de influirse mutuamente. Según los conocimientos disponibles desde hacía un siglo, no existía ningún tipo de comunicación entre los centros cerebrales que controlan el sabor y aquellas regiones de la médula ósea encargadas de la fabricación de leucocitos.

 En los años transcurridos desde entonces, el modesto descubrimiento realizado por Ader ha obligado a cambiar radicalmente nuestro criterio sobre las relaciones existentes entre el sistema inmunológico y el sistema nervioso central, dando origen a una nueva ciencia, la psiconeuroinmunologia (o PNI), actualmente en la vanguardia de la medicina. El mismo nombre de esta nueva ciencia da cuenta del vinculo existente entre la « mente» (psico), el sistema neuroendocrino (neuro) —que subsume el sistema nervioso y el sistema hormonal— y el término inmunología, que se refiere, obviamente, al sistema inmunológico.

A partir de entonces, una serie de investigadores ha descubierto que los mensajeros químicos más activos, tanto en el cerebro como en el sistema inmunológico, se concentran en las regiones nerviosas encargadas del control de las emociones. David Felten, colega de Ader, nos ha proporcionado algunas de las pruebas más concluy entes a favor de la existencia de un vinculo fisiológico directo entre las emociones y el sistema inmunológico. Felten comenzó observando que las emociones tienen un efecto muy poderoso sobre el sistema nervioso autónomo (encargado, entre otras cosas, de regular la cantidad de insulina liberada en la sangre y la tensión arterial). Trabajando con su esposa Suzanne y otros colegas, Felten logró determinar el lugar concreto en el que, por decirlo así, el sistema nervioso se comunica directamente con los linfocitos y las células macrófagas del sistema inmunológico. En sus observaciones realizadas con el microscopio electrónico, Felten descubrió también la existencia de conexiones directas entre las terminaciones nerviosas del sistema nervioso autónomo y las células del sistema inmunológico. Este punto físico de contacto permite a las células nerviosas liberar los neurotransmisores que regulan la actividad de las células inmunológicas (aunque, en realidad, la comunicación se establece en ambos sentidos), un hallazgo ciertamente revolucionario porque hasta la fecha nadie había sospechado siquiera que las células del sistema inmunológico pudieran ser el blanco de mensajes procedentes del sistema nervioso.

Para determinar con mayor precisión la importancia de estas terminaciones nerviosas en el funcionamiento del sistema inmunológico, Felten dio un paso más allá y llevó a cabo diferentes experimentos con animales a los que extrajo algunos de los nervios de los nódulos linfáticos y del bazo, en donde se elaboran y almacenan las células inmunológicas, y luego les inoculó varios virus para tratar de verificar la respuesta de su sistema inmunológico. El resultado de esta investigación constató un espectacular descenso en la respuesta inmunológica frente al ataque vírico. La conclusión de Felten es que, a falta de estas terminaciones nerviosas, el sistema inmunológico es incapaz de responder como debiera ante una invasión vírica o bacteriana. Así pues, en resumen, el sistema nervioso no sólo está relacionado con el sistema inmunológico sino que cumple con un papel esencial para que éste desempeñe adecuadamente su función.

Otro factor fundamental en la relación existente entre las emociones y el sistema inmunológico está ligado a las hormonas liberadas en situaciones de estrés. Las catecolaminas (epinefrina y norepinefrina, llamadas también adrenalina y noradrenalina), el cortisol, la prolactina y los opiáceos naturales (como, por ejemplo, la-endorfina y la encefalina) son algunas de las hormonas liberadas en situaciones de tensión que tienen una gran influencia sobre las células del sistema inmunológico. Aunque las relaciones concretas existentes entre estas hormonas y el sistema inmunológico resultan muy difíciles de precisar, no cabe la menor duda de que su presencia entorpece el adecuado funcionamiento de las células inmunológicas. El estrés, por consiguiente, disminuye la resistencia inmunológica, al menos de forma provisional, tal vez como una estrategia de conservación de la energía necesaria para hacer frente a una situación que parece amenazadora para la supervivencia del individuo. Pero, en el caso de que el estrés sea intenso y prolongado, la inhibición puede terminar convirtiéndose en una condición permanente. ¿A partir del momento en que se hizo evidente la relación entre el sistema nervioso y el sistema inmunológico? los microbiólogos y otros científicos en general han seguido descubriendo cada vez más conexiones entre el cerebro, el sistema cardiovascular y el sistema inmunológico.


LAS RAICES DEL PREJUICIO

 El doctor Vamik Volkan es un psiquiatra de la Universidad de Virginia que todavía recuerda su infancia en el seno de una familia turca de la isla de Chipre, amargamente dividida entre dos comunidades, la griega y la turca. Cuando era niño, el doctor Volkan oyó rumores de que cada uno de los nudos del cinturón del sacerdote griego de la localidad representaba a niños turcos que había estrangulado con sus propias manos y todavía recuerda el tono de consternación con el que le contaron la forma en que sus vecinos griegos comían cerdo, una carne considerada impura por la cultura turca. Hoy en día, como estudioso de los conflictos étnicos, Volkan ilustra con sus recuerdos infantiles la forma en que los odios y los prejuicios intergrupales se perpetúan de generación en generación. En ocasiones, especialmente en aquellos casos en los que exista una larga historia de enemistad, la fidelidad al propio grupo exige el precio psicológico de la hostilidad hacía otro grupo.



El aprendizaje del componente emocional de los prejuicios tiene lugar a una edad tan temprana que hasta quienes comprenden que se trata de un error tienen dificultades para erradicarlo por completo. Según afirma Thomas Pettigrew, un psicólogo social de la Universidad de California en Santa Cruz que se ha dedicado durante varias décadas al estudio de los prejuicios: « las emociones propias de los prejuicios se consolidan durante la infancia mientras que las creencias que los justifican se aprenden muy posteriormente. Si usted quiere abandonar sus prejuicios advertirá que le resulta mucho más fácil cambiar sus creencias intelectuales al respecto que transformar sus sentimientos más profundos. No son pocos los sureños que me han confesado que, aunque sus mentes y a no sigan alimentando el odio en contra de los negros, no por ello dejan de experimentar una cierta repugnancia cuando estrechan sus manos. Los sentimientos son un residuo del aprendizaje al que fueron sometidos siendo niños en el seno de sus familias» .

El poder de los estereotipos sobre los que se asientan los prejuicios procede de la misma dinámica mental que los convierte en una especie de profecía autocumplida. En este sentido, las personas recuerdan más fácilmente los ejemplos que confirman un estereotipo que aquéllos otros que tienden a refutarlo. Por esto cuando en una fiesta, por ejemplo, nos presentan a un inglés abierto y cordial —un hecho que desmiente el estereotipo del británico frío y reservado— la gente suele decirse a sí misma que es una excepción o que « ha estado bebiendo» 

La persistencia de los prejuicios sutiles puede explicar el hecho por el cual, aunque durante los últimos cuarenta años la actitud de los norteamericanos blancos hacia los negros hay a sido cada vez más tolerante y las personas repudien cada vez mas abiertamente las actitudes racistas, todavía siguen subsistiendo formas encubiertas y sutiles de prejuicio. Cuando a este tipo de personas se les pregunta por el motivo de su conducta afirman no tener prejuicios, pero lo cierto es que, digan lo que digan, en situaciones ambiguas siguen comportándose de un modo racista.

Éste es el caso, por ejemplo, del jefe que cree no tener prejuicios pero que se niega a contratar a un trabajador negro —no por motivos racistas, en su opinión, sino porque su educación y su experiencia « no son idóneas para el trabajo» —,

 pero que no tiene los mismos remilgos a la hora de contratar a un blanco que posea la misma formación. O también puede asumir la forma de colaborar con un vendedor blanco y negarse a hacer lo mismo con un vendedor de origen negro o hispano.


EJECUTIVOS CON CORAZÓN

 Melburn McBroom era un jefe autoritario y dominante que tenía atemorizados a todos sus subordinados, un hecho que tal vez no hubiera tenido mayor trascendencia si su trabajo se hubiera desempeñado en una oficina o en una fábrica. Pero el caso es que McBroom era piloto de avión.

Un día de 1978, su avión se estaba aproximando al aeropuerto de Portland, Oregón, cuando de pronto se dio cuenta de que tenía problemas con el tren de aterrizaje. Ante aquella situación, McBroom comenzó a dar vueltas en torno a la pista de aterrizaje, perdiendo un tiempo precioso mientras trataba de solucionar el problema.

Tanto se obsesionó que consumió toda la gasolina del depósito mientras los copilotos, temerosos de su ira, permanecían en silencio hasta el último momento. Finalmente el avión terminó estrellándose y en el accidente perecieron diez personas.



Hoy en día, la historia de este accidente constituye uno de los ejemplos que se estudia en los programas de entrenamiento de los pilotos de aviación.' La causa del 80% de los accidentes de aviación radica en errores del piloto, errores que, en muchos de los casos, podrían haberse evitado si la tripulación hubiera trabajado en equipo. En la actualidad, el adiestramiento de los pilotos de aviación no sólo gira en torno a la competencia técnica sino que también presta atención a los rudimentos mismos de la inteligencia social (la importancia del trabajo en equipo, la apertura de vías de comunicación, la colaboración, la escucha y el diálogo interno con uno mismo).

La cabina de un avión constituye un microcosmos de cualquier tipo de organización laboral. Pero, aunque no dispongamos de la evidencia dramática que supone un accidente de aviación, no deberíamos pensar que una moral mezquina, unos trabajadores atemorizados, un jefe tiránico y, en suma, cualquiera de las muchas posibles combinaciones de deficiencias emocionales en el puesto de trabajo, carezca de consecuencias destructivas. En realidad, los costes de esta situación se traducen en un descenso de la productividad, un aumento de los accidentes laborales, omisiones y errores que no llegan a tener consecuencias mortales y el éxodo de los empleados a otros entornos laborales más agradables. Este es, a fin de cuentas, el precio inevitable que hay que pagar por un bajo nivel de inteligencia emocional en el mundo laboral, un precio que puede terminar conduciendo a la quiebra de la empresa.

El hecho de que la falta de inteligencia emocional tiene un coste es una idea relativamente nueva en el mundo laboral, una idea que algunos empresarios sólo aceptan con muchas reservas.

Un estudio realizado sobre doscientos cincuenta ejecutivos descubrió que la mayoría de ellos sentía que su trabajo exigía « la participación de su cabeza pero no de su corazón» . Muchos de estos ejecutivos manifestaron su temor a que la empatía y la compasión por sus compañeros de trabajo interfirieran con los objetivos de la empresa. Uno de ellos llegó incluso a decir que consideraba absurda la idea misma de tener en cuenta los sentimientos de sus subordinados porque, a su juicio, « es imposible relacionarse con la gente» . Otros se disculparon diciendo que, si no permanecieran emocionalmente distantes, serían incapaces de asumir las « duras» decisiones propias del mundo empresarial, aunque lo cierto es que les gustaría poder tomar esas decisiones de una manera más humana. Ese estudio se realizó en los años setenta, una época en la que el ambiente del mundo empresarial era muy distinto del actual. En mi opinión, estas actitudes, hoy en día, están pasadas de moda y se está abriendo paso una nueva realidad que sitúa a la inteligencia emocional en el lugar que le corresponde dentro del mundo empresarial. Como me dijo Shoshona Zuboff, psicóloga de la Harvard Business School, « en este siglo las empresas han experimentado una verdadera revolución, una revolución que ha transformado correlativamente nuestro paisaje emocional. Hubo un largo tiempo durante el cual la empresa premiaba al jefe manipulador, al luchador que se movía en el mundo laboral como si se hallara en la selva. Pero, en los años ochenta, esta rígida jerarquía comenzó a descomponerse bajo las presiones de la globalización y de las tecnologías de la información. La lucha en la selva representa el pasado de la vida corporativa, mientras que el futuro está simbolizado por la persona experta en las habilidades interpersonales» .

Algunas de las razones de esta situación son bien patentes, imaginemos, si no, las consecuencias de un equipo de trabajo en el que alguien fuera incapaz de reprimir una explosión de cólera o que careciera de la sensibilidad necesaria para captar lo que siente la gente que le rodea. Todos los efectos nefastos de la alteración sobre el pensamiento que hemos mencionado en el capitulo 6 operan también en el mundo laboral. Cuando la gente se encuentra emocionalmente tensa no puede recordar, atender, aprender ni tomar decisiones con claridad. Como dijo un empresario: « el estrés estupidiza a la gente» .

Imaginemos, por otra parte, los efectos beneficiosos del dominio de las habilidades emocionales fundamentales (ser capaces de sintonizar con los sentimientos de las personas que nos rodean, poder manejar los desacuerdos antes de que se conviertan en abismos insalvables, tener la capacidad de entrar en el estado de « flujo» mientras trabajamos, etcétera). El liderazgo no tiene que ver con el control de los demás sino con el arte de persuadirles para colaborar en la construcción de un objetivo común. Y, en lo que respecta a nuestro propio mundo interior, nada hay más esencial que poder reconocer nuestros sentimientos más profundos y saber lo que tenemos que hacer para estar más satisfechos con nuestro trabajo.

Existen otras razones menos evidentes que reflejan los importantes cambios que están aconteciendo en el mundo empresarial y que contribuyen a situar las aptitudes emocionales en un lugar preponderante. Permítanme ahora destacar tres facetas diferentes de la inteligencia emocional: la capacidad de expresar las quejas en forma de críticas positivas, la creación de un clima que valore la diversidad y no la convierta en una fuente de fricción y el hecho de saber establecer redes eficaces.


LA EXPRESIÓN DE EMOCIONES

 Ser capaz de expresar tus sentimientos es una habilidad social esencial. Paul Ekman utiliza el término "representación de roles" para referirse al consenso social que es apropiado para la expresión de emociones, un área en la que existe una enorme variación intercultural. Ekman y sus colegas estudiaron las reacciones faciales de estudiantes japoneses cuando vieron una película que mostraba escenas de una ceremonia de circuncisión de adolescentes aborígenes, y descubrieron que los estudiantes tenían poca reacción facial cuando miraban la película en presencia de una figura de autoridad, pero pensaron estaban solos (a pesar de que en realidad están siendo filmados por una cámara oculta), sus rostros muestran una variedad de emociones, desde nerviosismo hasta miedo y disgusto.



Hay varias formas básicas de implementar roles. Una es minimizar las emociones (el estándar japonés para expresar emociones frente a figuras de autoridad es ocultar el disgusto con una cara de póquer). Otra opción es exagerar tus sentimientos haciendo demostraciones emocionales (una táctica que suelen utilizar los niños pequeños y que consiste en fruncir el ceño y fruncir los labios lastimosamente cuando se quejan con su madre de que sus hermanos mayores se burlan de ellos). ). El tercero implica reemplazar una emoción por otra (por ejemplo, esto sucede a menudo en las culturas orientales, donde decir "no" se considera de mala educación y en su lugar se expresan emociones positivas pero falsas). Comprender estas estrategias y cuándo ocurren es un elemento importante de la inteligencia emocional.

 Aprender a asignar roles comienza en la primera infancia. Este tipo de aprendizaje es sólo parcialmente explícito (por ejemplo, cuando enseñamos a un niño a ocultar su decepción por el terrible regalo de cumpleaños que le acaba de hacer su cariñoso abuelo) y a menudo se logra mediante procesos de modelización. Cognición, los niños aprenden qué hacer observando el comportamiento de los demás. En la educación emocional, las emociones son a la vez el medio y el mensaje. Por ejemplo, si un padre le dice a su hijo Si se dice "Sonríe y agradece al abuelo" en un tono enojado, duro y frío, el niño puede aprender una lección completamente diferente y responder al abuelo con un breve y desaprobador "gracias". Además, las dos situaciones tendrán efectos muy diferentes en el abuelo: en el primer caso estará feliz (a pesar de estar decepcionado), pero en el segundo se sentirá confundido y perjudicado por el mismo mensaje.

La consecuencia directa de una expresión emocional es su efecto en quien la recibe. En el caso que nos ocupa, el niño aprendió un papel similar a "Ocultar sus verdaderos sentimientos, cuando puedan herir a alguien a quien ama, y ​​reemplazarlos por otros, aunque falsos, menos dolorosos". Las reglas de expresión emocional no sólo forman parte del léxico de la educación pública, sino que también determinan cómo nuestras emociones afectan a los demás. Conocer y utilizar correctamente estas reglas permite obtener el mejor efecto, mientras que no conocerlas, por el contrario, puede contribuir a un desastre emocional. 

Los actores son verdaderos maestros de la expresión emocional y su expresividad evoca una respuesta del público. Y no cabe duda de que hay personas que realmente son actores natos. Pero enfaticemos que el aprendizaje del despliegue de roles varía en todos los casos según los modelos que tenemos, y que existe una enorme variación en esto entre diferentes individuos.


EL DESARROLLO DE LA EMPATÍA

 Hope, de nueve meses, rompió a llorar al ver caer a otro niño, escondiéndose en el regazo de su madre para consolarse como si ella misma se hubiera caído. Michael, un niño de quince meses, le dio su osito de peluche a su afligido amigo Paul, pero mientras Paul lloraba, continuó cubriéndolo con una manta. Estas pequeñas expresiones de empatía y afecto fueron grabadas por madres que fueron especialmente entrenadas para recopilar dichas expresiones de empatía en el campo. Los resultados de este estudio parecen sugerir que la empatía tiene sus raíces en la infancia. Prácticamente desde el nacimiento, los bebés se ven afectados por escuchar llorar a otro bebé, y algunos creen que esta respuesta es un requisito previo para la empatía. La psicología evolutiva ha descubierto que los bebés pueden experimentar este tipo de angustia empática antes de ser plenamente conscientes de su existencia independiente. Al cabo de unos meses de vida, los bebés reaccionarán ante cualquier molestia provocada por una persona cercana como si fuera propia, y estallarán en lágrimas cuando escuchen llorar a otro niño. 



En un estudio realizado por Martín L. Huffman, en la Universidad de Nueva York, un niño de un año llevó a su madre donde una amiga que lloraba y trató de consolarla, a pesar de que la madre de esta última estaba en la misma habitación. Esta ambigüedad también existe entre los niños de un año, que imitan el dolor de los demás, tal vez para comprender mejor cómo se sienten los demás. También es habitual que un niño se lleve la mano a la boca para comprobar si se ha hecho daño si le duele el dedo, o que se frote los ojos cuando ve llorar a su madre, aunque él no esté llorando. 

Esta llamada imitación de movimientos constituye en realidad el verdadero significado técnico de la palabra etopacha, que el psicólogo estadounidense E. B. Titechener En la década de 1920, el significado original del término griego empatheia era ligeramente diferente del "sentimiento interior" utilizado por los teóricos de la estética se refiere a la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de los demás. Titchener creía que la empatía proviene de la imitación física del dolor de otro con el objetivo de evocar el mismo sentimiento en uno mismo, por lo que debió buscar palabras distintas a simpatía porque podemos sentir simpatía por situaciones en general. descubre que no tiene que compartir sus sentimientos. La capacidad de los niños para imitar movimientos desaparece alrededor de los dos años y medio, desde el momento en que aprenden a distinguir el dolor ajeno del propio y, por tanto, son más capaces de consolar. Aquí hay un extracto típico del diario de una madre:

"El hijo del vecino estaba llorando... Jenny fue y le dio una galleta. Entonces él lo siguió y comenzó a quejarse también. Luego intentó acariciarle el pelo pero él la apartó. Finalmente el bebé se calmó, pero Jenny todavía estaba preocupada y seguía dándole juguetes y acariciando suavemente su cabeza y sus hombros.

 En esta etapa del desarrollo, los niños pequeños comienzan a mostrar algunas diferencias en su capacidad para experimentar el malestar emocional de los demás. Así, mientras algunas personas, como Jenny, son muy conscientes de las emociones, otras, en cambio, parecen ignorarlas por completo. Varios estudios realizados por Manan Radke Yarrow y Carolyn Zahn-Waxler del Instituto Nacional de Salud Mental muestran que muchas de las diferencias en los niveles de empatía están directamente relacionadas con la forma en que los padres enseñan a sus hijos. 

Como destaca este estudio, cuando los niños reciben instrucciones que incluyen la conciencia de que sus acciones pueden dañar a otros (por ejemplo, decirles “Mira qué enfado le has hecho” en lugar de “Era una broma”. Las investigaciones también muestran que el aprendizaje de los niños sobre la empatía está relacionado con la forma en que los demás responden al sufrimiento de los demás. Por tanto, la imitación permite a los niños desarrollar una amplia gama de respuestas empáticas, especialmente cuando ayudan a los necesitados.


EL OPTIMISMO: EL GRAN MOTIVADOR

 Los fanáticos de la natación estadounidenses tienen grandes esperanzas en Matt Biondi, miembro del equipo olímpico estadounidense de 1988, y algunos periodistas deportivos incluso dicen que Biondi podría igualar la hazaña de Mark Spitz en 1972 de ganar siete medallas de oro. . Pero Biondi terminó en un decepcionante tercer lugar en la primera prueba, los 200 m estilo libre, y fue derrotado en la siguiente serie, los 100 m mariposa, por otro nadador que terminó bien en el sprint. 

Los comentaristas deportivos incluso sugirieron que esas derrotas habrían disuadido a Biondi, pero no anticiparon su reacción, que le ha llevado a ganar medallas de oro en sus últimos cinco partidos. La reacción no sorprendió al psicólogo Martin Seligman de la Universidad de Pensilvania, quien había apreciado el optimismo de Biondi ese mismo año. En el experimento con Seligman, el entrenador le dijo a Biondi que se sentía muy mal en uno de sus eventos favoritos, y la verdad es que no. A pesar de su desempeño claramente pobre, su récord, que era muy bueno, mejoró aún más cuando lo invitaron a descansar y volver a intentarlo. Pero cuando otros miembros del equipo que tenían muy poco optimismo también se equivocaron en el momento adecuado, les fue aún peor cuando lo intentaron por segunda vez. 



El optimismo, como la esperanza, significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas saldrán bien a pesar de los reveses y fracasos. Desde el punto de vista de la inteligencia emocional, el optimismo es una actitud que evita caer en la apatía, la desesperación o la melancolía ante la adversidad. Como sus primos, la esperanza, el optimismo –siempre que sea un optimismo realista (porque el optimismo ingenuo puede conducir al desastre)– tiene sus méritos.

Seligman define el optimismo como la forma en que las personas se explican a sí mismas sus éxitos y fracasos. Los optimistas creen que la causa del fracaso es algo que se puede cambiar para tener éxito la próxima vez que se enfrente a una situación similar. Los pesimistas, por otro lado, se culpan a sí mismos por sus fracasos y culpan de sus fracasos a una característica fija que creen que no se puede cambiar. Estas diferentes interpretaciones tienen un gran impacto en cómo abordamos la vida. Por ejemplo, ante un despido, los optimistas tienden a reaccionar positivamente y con esperanza, desarrollar un plan de acción o buscar ayuda y consejo porque creen que el fracaso no es irreversible, sino que se puede cambiar. Los pesimistas, por el contrario, creen que el fracaso

Crean una situación irreversible y reaccionan ante la adversidad pensando que no hay nada que puedan hacer para mejorar las cosas la próxima vez, por lo que no hacen nada para cambiar el problema. Para ellos, algunos errores personales les causan problemas que siempre tienen que afrontar. Al igual que la esperanza, el optimismo es un buen predictor del éxito académico. Las puntuaciones de una prueba de optimismo de 500 estudiantes de Penn State en 1984 predijeron mejor su rendimiento académico ese año que las puntuaciones del SAT. "Los exámenes de ingreso a la universidad son una medida del talento, pero el estilo explicativo indica quién abandonará", dijo Seligman, autor del estudio. Una combinación de talento inteligente y la capacidad de resistir el fracaso conduce al éxito. La motivación suele quedar fuera de las pruebas que miden un tipo de capacidad u otro. Lo que necesita saber es si quiere continuar cuando las cosas se pongan frustrantes. Creo que, dado un cierto nivel de inteligencia, el verdadero logro depende menos del talento que de la capacidad de perseverar ante el fracaso. Una de las pruebas más vívidas del poder motivacional del optimismo proviene del propio Seligman en su investigación sobre los vendedores de seguros MetLife Insurance Company. 

La capacidad de aceptar el no está en el centro de todas las ventas especialmente en el caso de productos como los seguros, la proporción entre "no" y "sí" puede ser alarmantemente alta. Es por eso que tres cuartas partes de los vendedores de seguros renuncian dentro de los primeros tres años. La investigación de Seligman muestra que durante los dos años anteriores, los optimistas superaron a los pesimistas en un 3,7%, mientras que los pesimistas cedieron el doble que los optimistas.

Además, Seligman convenció a MetLife para que contratara a un grupo de solicitantes que no aprobaron una prueba estandarizada (basada en un perfil que determinaba en qué medida coincidían con las habilidades que los vendedores exitosos parecen poseer) pero obtuvieron puntuaciones muy altas en una prueba de optimismo. Este grupo en particular vendió un 21% más que los pesimistas en el primer año y un 57% más que los pesimistas en el segundo año. Pero el optimismo no es sólo un factor importante en el éxito de las ventas, sino también una actitud de inteligencia emocional. Para un vendedor, cada “no” significa un pequeño fracaso, y la respuesta emocional ante el fracaso es muy importante para controlar plenamente la motivación para continuar con su actividad. y cuales los "no" aumentan, la moral se debilita y marcar se hace cada vez más difícil marcar el próximo número de teléfono. Estos rechazos son especialmente difíciles de aceptar para los pesimistas que los interpretan como significativos.

"Me equivoco; 'nunca seré un buen vendedor' es una explicación que seguramente conducirá a la apatía y la derrota, si no a la decepción total". Por otro lado, ante esta situación, los optimistas se dirán a sí mismos: “Usé un método inadecuado” o “La última persona estaba de mal humor”, creyendo así que el fracaso no se debe a una carencia, sino a las circunstancias. , pueden cambiar su enfoque en la próxima convocatoria. Aquí, el bagaje mental del pesimista los lleva a la desesperación, pero el bagaje mental del optimista reaviva la esperanza. 

La fuente de una actitud positiva o negativa puede ser el temperamento innato, ya que algunas personas tienen una inclinación natural hacia uno u otro. Sin embargo, el temperamento puede modularse mediante la experiencia. El optimismo y la esperanza, como el desamparo y la desesperación, se pueden aprender. Ambos se basan en lo que los psicólogos llaman autoeficacia, la creencia de que uno tiene el control de los acontecimientos de la vida y puede afrontar los problemas a medida que surgen. El desarrollo de habilidades aumenta la sensación de eficacia y fomenta la asunción de riesgos y la resolución de problemas más complejos. Superar estas dificultades a su vez aumenta la autoeficacia, que es la capacidad de utilizar mejor cualquier habilidad y ayuda a desarrollarla. 

Albert Bandura, psicólogo de la Universidad de Stanford que estudia el tema de la autoeficacia, lo resumió perfectamente: "Las creencias de las personas sobre sus capacidades tienen un efecto profundo en ellas. La capacidad no es una cualidad fija, pero en ese sentido, la capacidad se caracteriza por variación extrema." Las personas que se sienten productivas se recuperan rápidamente de los contratiempos y no se preocupan tanto por cómo podrían salir mal las cosas, sino que recurren a ellos para encontrar formas de afrontar los problemas.


EL CONTROL DE LOS IMPULSOS: EL TEST DE LAS GOLOSINAS

 Imagina que tienes cuatro años y alguien te da este consejo: "Tengo que irme ahora y volver en veinte minutos". Puedes comer un caramelo si quieres, pero si esperas hasta que regrese te daré dos. Para un niño de cuatro años, esto es un verdadero desafío, una encarnación de la eterna lucha entre impulso y represión, ego y realidad., entre el deseo y el autocontrol, entre la satisfacción y el retraso. Cualquier decisión que tome un niño es una prueba que no sólo refleja su carácter, sino que también nos permite determinar el camino que puede tomar en la vida.

 Quizás no haya habilidad psicológica más importante que resistir los impulsos. Ésta es la base de todo autocontrol emocional, porque toda emoción es esencialmente un impulso a actuar (recordemos, el significado etimológico de la palabra emoción es “moverse”). Es posible -aunque tal explicación parece especulativa por el momento- que la capacidad de resistir impulsos, de inhibir los movimientos iniciados, a nivel funcional del cerebro, se traduzca en la inhibición de señales límbicas dirigidas a la periferia del cerebro. cerebro. El cerebro. Corteza motora. 



De todos modos, en la década de 1960, Walter Michele llevó a cabo un estudio con niños en edad preescolar de cuatro años a quienes se les hicieron las preguntas que planteamos al principio de esta sección. Los resultados muestran lo extremadamente importante que es la capacidad de suprimir las emociones y retrasar los impulsos. . El estudio se llevó a cabo en el campus de Stanford con hijos de profesores, personal y estudiantes de posgrado y continuó después de que los niños se graduaron de la escuela secundaria. Algunos niños de cuatro años podían esperar una eternidad antes de que regresara el experimentador. Para lograr su objetivo y recibir dos caramelos como recompensa, utilizaron muchos métodos: cubrirse el rostro para evitar la tentación, mirar al suelo, hablar solos, cantar, jugar con las manos y los pies e incluso intentar dormir. Pero otros fueron más impulsivos y aceptaron el regalo segundos después de que el experimentador hubiera abandonado la habitación.

Habilidades de diagnóstico para los estilos de control de impulsos de los niños doce o catorce años después, cuando la investigación reveló el paradero de los niños, ahora adolescentes, las cosas quedaron claras. Las diferencias emocionales y sociales entre quienes se apresuran a coger dulces y quienes retrasan la gratificación son sorprendentes. Aquellos que resistieron la tentación a los cuatro años eran más competentes socialmente, mostraron mayor eficacia personal, eran más emprendedores y eran más capaces de afrontar los reveses de la vida. Estos jóvenes tienen menos probabilidades de desmoralizarse, estancarse o experimentar algún tipo de regresión ante situaciones estresantes; jóvenes que no entran en pánico y no reaccionan ante situaciones estresantes; jóvenes que no evitan el riesgo, sino que lo afrontan, e incluso buscan adolescentes que confíen en sí mismos y sean confiados por sus pares, que sean honestos, responsables, proactivos e inmersos en diversas actividades. proyecto. Y más de una década después, todavía pueden retrasar la gratificación mientras se esfuerzan por alcanzar sus objetivos.

Por otro lado, alrededor de un tercio de los niños en edad preescolar a los que se les dieron dulces tuvieron resultados de radiografías psicológicas más problemáticos. Se trata de adolescentes que tienen más miedo al contacto social, más testarudos, más indecisos, fácilmente perturbados por la insatisfacción, más a menudo se consideran "malos" o indignos, se retraen o se paralizan en situaciones estresantes, desconfían, se enojan. ., Los celos y las celos, reaccionan de forma desproporcionada y se meten en todo tipo de discusiones y peleas. Después de todos estos años, todavía no pueden retrasar la gratificación. Por lo tanto, las habilidades que surgen temprano en la vida eventualmente se convierten en una amplia gama de habilidades sociales y emocionales. En este sentido, la capacidad de inhibir impulsos es una habilidad fundamental que nos permite realizar una amplia variedad de actividades, desde hacer dieta hasta terminar la carrera de medicina. A la edad de cuatro años, algunos niños han aprendido los conceptos básicos para reconocer los beneficios sociales de retrasar la gratificación de los impulsos al desviar la atención de las tentaciones actuales sin dejar de estar comprometidos con sus objetivos. Su objetivo: dos caramelos. 

Pero lo más sorprendente fue que cuando los niños fueron evaluados nuevamente al final de la escuela secundaria, aquellos que habían esperado pacientemente hasta los cuatro años obtuvieron resultados académicos significativamente mejores que aquellos que se habían dejado privar. sus impulsos. Según la propia valoración de sus padres, son adolescentes más capaces, son más capaces de verbalizar sus pensamientos, utilizarlos y reaccionar racionalmente, son más capaces de concentrarse, de hacer planes, de implementarlos y se desempeñan mejor. Bien hecho. Prepárate para aprender. Aún más sorprendente es que a estos niños les fue mejor en el SAT. Aproximadamente un tercio de los niños que no pudieron resistir la tentación y agarraron el caramelo a los cuatro años obtuvieron 524 en verbal y 528 en cuantitativo ("matemáticas"), mientras que un tercio de los niños que esperaron el caramelo obtuvieron una puntuación experimental. La puntuación media desde los dulces hasta la regresión alcanzó 610 y 652 puntos, respectivamente (una diferencia total de 210 puntos).

Las respuestas de los niños de cuatro años a esta prueba de gratificación retrasada fueron fuertes predictores de sus puntuaciones en los exámenes SAT y de su coeficiente intelectual. Al igual que con el coeficiente intelectual, los resultados de los exámenes SAT sólo se pueden predecir adecuadamente después de que el niño haya aprendido a leer. "Esto parece sugerir que la capacidad de retrasar la gratificación contribuye al potencial intelectual de una manera que no tiene nada que ver con el coeficiente intelectual en sí. (El control deficiente de los impulsos infantiles también es un predictor más fuerte de conductas delictivas posteriores que el coeficiente intelectual)”.

En cuarto lugar, si bien algunos creen que el coeficiente intelectual no se puede cambiar y que es un límite inmutable al potencial vital de un niño, existe una creencia cada vez mayor de que las habilidades emocionales como el control de los impulsos y la capacidad de interpretar situaciones sociales se pueden cambiar. he aprendido Así lo describe el autor del estudio, Walter Michele, con la problemática frase "retraso de meta autoimpuesto": la capacidad de suprimir los impulsos para lograr una meta (ya sea iniciar un negocio, resolver problemas de álgebra o ganar la Copa Stanley). - puede ser la esencia de la autorregulación emocional. Este hallazgo destaca el papel de la inteligencia emocional como metahabilidad que determina qué tan bien o mal las personas usan sus otras habilidades mentales.


EL CONTROL DE LA TRISTEZA

 El duelo es el estado mental que la gente más quiere evitar, y Diana Theis ha descubierto que existen varias estrategias diferentes para lograr este objetivo. Sin embargo, no toda tristeza debe evitarse porque, como cualquier otra emoción, también tiene su lado positivo. Por ejemplo, el duelo por una pérdida irreparable suele tener ciertas consecuencias: reduce el interés por los placeres y el entretenimiento, centra la atención en lo que se ha perdido e impone breves descansos para recuperar energías y emprender cosas nuevas. Compañía. En resumen, la tristeza nos proporciona un refugio reflexivo frente a las preocupaciones y el ajetreo de la vida cotidiana. Esto nos lleva a un período de abandono y de dolor necesario para absorber nuestra pérdida. Durante este período, podemos pensar en su significado y tomar acciones relacionadas con él. Ajuste mental y finalmente hacer nuevos planes para seguir adelante con su vida. Pero si bien la tristeza es útil, la melancolía no lo es. William Styron nos describe elocuentemente las "muchas manifestaciones de agotamiento", que incluyen "autodesprecio", "falta de autoestima", "dolor de enfermedad", acompañadas de "Depresión lúgubre, cierta sensación de asombro y alienación y, sobre todo, una ansiedad abrumadora". También se podrían mencionar las consecuencias intelectuales que acompañan a esta condición: "confusión, incapacidad para concentrarse y pérdida de memoria", y en un nivel más intenso la mente se vuelve "Confusión y distorsión" y "los procesos mentales son arrastrados por oleadas de veneno y mezquindad, impidiendo al hombre responder de alguna manera satisfactoriamente al mundo en el que vive". Además, esta condición también está relacionada con el cuerpo: insomnio, apatía, una "sensación de pereza, nerviosismo y, más concretamente, una extraña sensación de vulnerabilidad" acompañada de una "inquietud inquietante". A esto hay que añadir también una disminución en la capacidad de disfrutar de la situación: "Todos los aspectos de la sensibilidad se difuminan, e incluso la comida parece completamente insípida". Finalmente, observemos que toda esperanza ha desaparecido, dejando atrás los restos de la "lluvia gris".



El dolor puede causar una desesperación tan palpable como el dolor físico, un dolor tan insoportable que la única solución posible parece ser el suicidio. En casos de depresión severa, como el descrito, la vida se paraliza y parece no haber otra forma de escapar de la situación. Los síntomas de la depresión en sí mismos indican que el flujo de la vida se ha detenido. Los medicamentos y la terapia no ayudaron mucho a Styron y, con el tiempo y el tiempo en el hospital, finalmente superó su depresión. Pero para la mayoría de las personas, especialmente aquellas con depresión más leve, la psicoterapia y la medicación pueden resultar muy útiles. Prozac es un tratamiento popular, pero hay más de una docena de medicamentos disponibles para tratar la depresión.

Pero mi enfoque principal es la tristeza ordinaria, o simplemente la melancolía, que en sus formas más extremas técnicamente puede convertirse en "depresión subclínica". Las personas con suficientes recursos internos pueden afrontar este tipo de depresión por sí solas, pero desafortunadamente, algunas de las estrategias más comunes son en realidad dañinas y sólo empeoran las cosas. Una de esas estrategias es aislarnos y, si bien esto puede resultar tentador cuando estamos deprimidos, también puede aumentar nuestros sentimientos de soledad e impotencia. Esto puede explicar en parte por qué Theis descubrió que la estrategia más común para combatir la depresión es la actividad social: salir a comer, ir a un evento deportivo o al cine; En definitiva, compartir una actividad con amigos o familiares. Este tipo de actividad puede resultar muy eficaz siempre y cuando se tenga claro que el objetivo a conseguir es hacer que la mente olvide la tristeza, de lo contrario sólo perpetuará los sentimientos. De hecho, uno de los factores más importantes es la duración.

La intensidad del estado melancólico es una medida de la perseverancia humana. Preocuparnos por las cosas que nos hacen sentir deprimidos sólo hará que la depresión empeore cada vez más. En la depresión, la preocupación puede adoptar muchas formas, aunque todas se centran en algún aspecto de la depresión, como fatiga, falta de motivación, falta de energía o bajo rendimiento. Sin embargo, estos pensamientos no suelen ir acompañados de acciones para solucionar el problema. Otras estrategias comunes incluyen:

« Aislarnos, pensar en lo mal que nos sentimos, preocuparnos de que nuestra pareja se canse de nosotros y tal vez nos deje, o preguntarnos constantemente, "Vamos a pasar otra noche sin dormir". Las personas con depresión pueden intentar justificar este comportamiento diciendo que "sólo quieren entenderse mejor a sí mismos". Pero lo cierto es que, en la mayoría de los casos, una persona melancólica sólo trabajará para cultivar un sentimiento de tristeza sin hacer nada que le haga perder el control de sus emociones. La terapia puede ser muy útil para pensar en las causas subyacentes de la depresión, siempre y cuando no sea sólo una rumiación pasiva lo que sólo empeora las cosas y nos permite expresar nuestra opinión o tomar medidas para cambiarla. Lo inspiró. De manera similar, el pensamiento obsesivo puede empeorar la depresión porque potencialmente puede conducir a un estado depresivo más severo. Por ejemplo, Nolen-Hoeksma cuenta la historia de una vendedora hipocondríaca que estaba profundamente preocupada por no hacer las llamadas telefónicas necesarias en el trabajo. Posteriormente, las ventas disminuyeron, lo que aumentó su sensación de fracaso y profundizó su depresión. Por otro lado, la distracción le permitiría reunir la energía necesaria para realizar estas llamadas y también le ayudaría a escapar de las garras del dolor. Esto aumentará las ventas, aumentará su confianza y ayudará a aliviar la depresión. Según Nolen-Hoeksma, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de volverse obsesivas cuando están deprimidas, lo que puede explicar por qué a más mujeres que a hombres se les diagnostica depresión. Por supuesto, este no es el único factor a considerar, ya que las mujeres también tienen más probabilidades de expresar abiertamente su dolor y tienen más motivos para estar deprimidas. Las estadísticas muestran que los hombres tienen el doble de probabilidades que las mujeres de beber para ahogar sus penas.




LA ANATOMIA DEL ENFADO

 Digamos que vamos por la autopista y otro conductor se nos acerca peligrosamente. Aunque nuestra primera reacción, p. es "¡Maldita perra!" Lo realmente importante para el desarrollo de la ira es que a este pensamiento le sigan otros pensamientos molestos y vengativos como: "¡Ese bastardo puede pegarme!". ¡No puedo permitírmelo! . En esta situación, nuestros nudillos palidecen cuando nuestras manos agarran el volante (como si asfixiaran a otro conductor) y nuestros cuerpos se preparan para luchar en lugar de huir mientras se alejan de nosotros. Empezamos a temblar mientras nuestras frentes se inclinan. Cuando sudas, tu corazón late con fuerza y ​​todos los músculos de tu cara se tensan. Como si quisiéramos matarlo. Fue entonces cuando escuchamos la bocina del auto detrás de nosotros y nos dimos cuenta de que sin darnos cuenta habíamos disminuido la velocidad después de una casi colisión y estábamos a punto de explotar y proyectar toda nuestra ira sobre el otro conductor. Esta es la naturaleza de la presión arterial alta, la conducción imprudente e incluso muchos accidentes automovilísticos. Ahora comparemos la secuencia de desarrollo de la rabia con otra serie.



Exprese sus mejores pensamientos al conductor que le cerró el paso: "Probablemente no me vio, o tenía una buena razón para conducir en esa dirección, tal vez una emergencia médica". Esta posibilidad atempera nuestra ira con compasión, o al menos con moderación. nuestra ira con un nivel de apertura que nos permita evitar que aumente. Como nos recuerda el desafío de Aristóteles, el problema está en la cantidad adecuada de ira, porque la ira a menudo está fuera de nuestro control. Benjamín Franklin lo expresó muy bien cuando dijo:

"Siempre hay motivos para estar enojado, pero rara vez son buenos." Por supuesto, existen diferentes tipos de ira. muy probable

La amígdala es el lugar principal de nuestra repentina ira hacia los líderes cuyo descuido amenaza nuestra seguridad. Pero en el otro extremo de la cadena emocional, el neocórtex tiende a facilitar formas más racionales de ira, como la venganza cruel o las reacciones ante la infidelidad y la injusticia. Estas transgresiones deliberadas a menudo están, como dijo Franklin, "ocultas por una buena razón", o eso nos parece a nosotros. Como dijo Tice, la ira parece ser el estado emocional más persistente y difícil de controlar. De hecho, la ira es la emoción negativa más seductora porque el monólogo interno que la alimenta es un argumento convincente para justificar perder los estribos con alguien. A diferencia de un caso de melancolía, la ira es enérgica, incluso eufórica. Su capacidad de persuasión y atractivo pueden explicar por qué algunas ideas sobre la ira son tan comunes. Por ejemplo, la gente suele creer que la ira es incontrolable y que de todos modos no debería controlarse, o que la ira es una emoción incontrolable.

La catarsis puede ser extremadamente liberadora. El contraargumento –tal vez una reacción al panorama sombrío que nos dejan las actitudes que acabamos de mencionar– es, por el contrario, que la ira es completamente evitable. Sin embargo, una lectura más cercana de la investigación de Teesa revela que esta actitud convencional hacia la ira no sólo es incorrecta, sino también supersticiosa. Pero el conjunto de pensamientos hostiles que conducen a la ira nos da una posible clave para poner en práctica uno de los métodos más eficaces para aliviar la ira. Primero, debemos trabajar para debilitar las creencias que alimentan la ira. Cuanto más pensamos en lo que nos enoja, más "buenas razones" tendremos y más razones encontraremos para seguir enojados. Las obsesiones son el combustible que alimenta el fuego de la ira que sólo puede apagarse mirando las cosas desde una perspectiva diferente. Según la investigación de Teesa, uno de los medios más poderosos para detener la ira es replantear la situación en un marco más positivo.


EL INDIFERENTE Y EL APASIONADO - INTELIGENCIA EMOCIONAL

Imagínese volar entre Nueva York y San Francisco. El vuelo transcurrió sin incidentes, pero a medida que nos acercábamos a las Montañas Rocosas, se escuchó la voz del piloto advirtiendo: “Damas y caballeros, estamos a punto de pasar por una zona de turbulencia atmosférica. Por favor regrese a su asiento y abróchese el cinturón de seguridad. Entonces llega un avión

En las turbulencias, eres lanzado arriba y abajo y de lado a lado como una pelota de playa a merced de las olas. ¿Qué haría usted en esta situación? ¿Es usted del tipo que ignora todo y se queda absorto en un libro, revista o cualquier película que estén viendo en ese momento, o toma rápidamente una página de instrucciones de emergencia y escanea "Observando compañeros y caras de vuelo" para ver si el compañero esta buscando algo? Señales de pánico, ¿prestas atención al sonido del motor, intentando ver si hay algo alarmante? 



La reacción natural ante esta situación refleja nuestra actitud ante el estrés. De hecho, el mismo escenario fue parte de una prueba diseñada por la psicóloga de la Universidad de Temple, Susan Miller, para determinar si las personas tienden a centrar su atención cuidadosamente en cada detalle en situaciones estresantes. Condición. situación, o viceversa si afrontas estos momentos de ansiedad intentando distraerte. Porque la verdad es que estas dos actitudes hacia el peligro tienen efectos muy diferentes en cómo las personas experimentan sus respuestas emocionales. Debido a esto, las personas orientadas a los detalles tienden a amplificar inconscientemente sus reacciones (especialmente cuando su atención se ve privada de la paz de la autoconciencia) y por eso sus emociones parecen más intensas. Por otro lado, las personas que se desconectan y se distraen son menos conscientes de sus reacciones y por lo tanto no sólo reducen la intensidad de sus reacciones emocionales, sino que también reducen su intensidad. Esto significa que, en casos extremos, la conciencia emocional de algunas personas es abrumadora, mientras que la conciencia emocional de otras es casi inexistente. Si no, considere el ejemplo de un jubilado que una noche descubrió un incendio en su dormitorio y tomó un extintor para apagarlo. No hubo nada particularmente extraño en su comportamiento, excepto que en lugar de correr para apagar el fuego, nuestro estudiante caminó tranquilamente porque no tenía ninguna situación peligrosa. 

Esta anécdota contó Edward Diener, psicólogo de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign que estudia la intensidad de la experiencia emocional humana. El estudiante del que hablamos destacaba entre todos los casos que estudió Diener como una de las personas menos intensas que había conocido, una persona completamente tranquila, alguien que pasaba toda su vida haciendo poco o nada, incluso en situaciones de peligro. Dispare como se describe arriba. Consideremos ahora el otro extremo del espectro de Diener, una mujer que estuvo angustiada durante días porque había perdido su bolígrafo favorito. En otra ocasión, la mujer se emocionó que cuando vio el anuncio de los zapatos, dejó lo que estaba haciendo, rápidamente se subió a su automóvil y condujo tres horas seguidas hasta Chicago, donde se encontraba la zapatería participante. 

Diener cree que las mujeres en general experimentan emociones tanto positivas como negativas con más frecuencia que los hombres. Independientemente de las diferencias de género, la vida emocional es más rica para quienes perciben más. Por otro lado, para las personas que se encuentran en un extremo del continuo de Diener, la hipersensibilidad emocional es una verdadera tormenta de emociones, ya sea el cielo o el infierno, mientras que las personas en el otro extremo parecen no sentir casi nada.


EL CI Y LA INTELIGENCIA EMOCIONAL: LOS TIPOS PUROS

 El coeficiente intelectual y la inteligencia emocional no son conceptos opuestos, simplemente diferentes. Todos representamos una combinación única de inteligencia y emoción. A pesar de los estereotipos, las personas con un coeficiente intelectual alto pero un coeficiente intelectual bajo (o, por el contrario, personas con un coeficiente intelectual bajo pero un coeficiente intelectual alto) tienden a ser relativamente raras. Por otro lado, parece haber una correlación débil entre algunos aspectos del coeficiente intelectual y la inteligencia emocional, aunque la correlación es lo suficientemente fuerte como para sugerir que son entidades completamente separadas. A diferencia de las pruebas de coeficiente intelectual convencionales, no existe ni existirá nunca una prueba de lápiz y papel que pueda determinar el "CI emocional". Aunque los elementos que componen la inteligencia emocional han sido ampliamente estudiados, algunos de ellos, como la empatía, sólo pueden evaluarse examinando la capacidad real de una persona para realizar tareas específicas, como reconocer a los demás. Las expresiones faciales de las personas fueron capturadas en video. Sin embargo. Jack Block, psicólogo de la Universidad de California, Berkeley, utiliza una medida similar a lo que él llama coeficiente intelectual emocional.



La "adaptabilidad del ego" (incluidas las habilidades emocionales y sociales primarias) compara dos tipos puros teóricos, el tipo puro de alto coeficiente intelectual y la persona con tendencias emocionales muy desarrolladas. Las diferencias encontradas a este respecto son muy expresivas. Los individuos puramente muy inteligentes (es decir, estoy ignorando la inteligencia emocional) hacen casi una caricatura de un intelectual dedicado al dominio de la mente pero completamente incompetente en el mundo personal. Los rasgos más característicos de mujeres y hombres son ligeramente diferentes. No sorprende que los hombres muy inteligentes tengan una amplia gama de intereses y capacidades intelectuales y tiendan a ser ambiciosos, productivos, predecibles, persistentes y a prestar poca atención a sus propias necesidades. Suelen ser críticos, condescendientes, aprensivos, reprimidos, incómodos en las experiencias sexuales y sensuales e inexpresivos, distantes, emocionalmente fríos y tranquilos. Por el contrario, los hombres con alta inteligencia emocional tienden a ser socialmente equilibrados, extrovertidos, felices y menos tímidos o preocupados por sus preocupaciones. Tienen una capacidad única para ser leales a sus objetivos y a sus personas, tienden a asumir responsabilidades, mantienen una perspectiva ética de la vida y son amables y cariñosos en sus relaciones. Su vida amorosa es rica y educada; En definitiva, se sienten satisfechos consigo mismos, con sus pares y con el entorno social en el que viven. Las mujeres puras con un coeficiente intelectual alto por sí solas demuestran una confianza intelectual predecible, son capaces de expresar sus pensamientos con claridad, están atentas a las cuestiones teóricas y muestran una amplia gama de intereses estéticos e intelectuales. También tienden a ser introspectivos, propensos a la ansiedad, la preocupación y la culpa, y son reacios a expresar abiertamente su enojo (aunque pueden expresarlo indirectamente). Por otro lado, las mujeres con alta inteligencia emocional tienden a ser enérgicas y expresar abiertamente sus sentimientos, tienen una visión positiva de sí mismas y la vida siempre tiene sentido para ellas. Al igual que los hombres, tienden a ser abiertos y sociables, expresan sus sentimientos apropiadamente (en lugar de ceder a arrebatos emocionales de los que luego se arrepienten) y afrontan bien el estrés. Su aplomo social les permite hacer nuevos amigos rápidamente; se sienten lo suficientemente cómodos consigo mismos como para ser felices, espontáneos y abiertos a la experiencia sensorial. A diferencia de las mujeres puras con un coeficiente intelectual alto, rara vez se sienten ansiosas, culpables o preocupadas. 

Los retratos son claras caricaturas porque cada uno es el resultado de una combinación de IQ y EQ en diferentes proporciones. Sin embargo, nos dan una imagen muy clara de los tipos específicos de habilidades involucradas en estas dos dimensiones pueden contribuir a la síntesis de las cualidades que componen a una persona. Estas dos imágenes aparecen juntas porque todo el mundo tiene inteligencia cognitiva e inteligencia emocional, aunque la inteligencia emocional aporta las cualidades que mejor nos ayudan a convertirnos en verdaderos seres humanos.

UN TIPO DE INTELIGENCIA DIFERENTE - INTELIGENCIA EMOCIONAL DANIEL GOLEMAN

 Desde la perspectiva de un observador casual, Judy, una niña de cuatro años, podría parecer la niña más fea entre sus compañeros del baile, la niña que no asistió. Nunca ocupa el centro sino que se mueve por los bordes. Pero la verdad es que Judy es en realidad una observadora muy aguda de la política social del patio del jardín de infantes y quizás sea la más matizada a la hora de comprender los sentimientos de sus compañeros de clase. Esta sutileza sólo se reveló cuando un día su maestro reunió a todos los niños de cuatro años a su alrededor para jugar un juego al que llamaron "El Juego".

El "juego de aula", que en realidad era una prueba de sensibilidad social, utilizó una casa de muñecas que recreaba un aula con una serie de figuras en su interior con imágenes de caras de estudiantes al revés. sus profesores y compañeros de clase. Judy hizo esto con absoluta precisión cuando la maestra le pidió que colocara a cada uno de sus compañeros en el área del aula donde a ella le gustaba jugar, y cuando la maestra le pidió que colocara a cada niña y niño al lado de un compañero al que le gustaba jugar. jugar. . juega más. Judy ha demostrado una habilidad verdaderamente extraordinaria. La minuciosidad de Judy demostró que tenía un mapa social preciso de la clase, lo que ciertamente era inusual para una niña de su edad. Son estas habilidades las que probablemente permitan a Judy sobresalir en cualquier campo donde las "habilidades interpersonales", como las ventas, la gestión empresarial o la diplomacia, sean importantes. Los talentos sociales de Judy, sin mencionar su impulsividad, se descubrieron cuando era estudiante en la Escuela Infantil Elliott-Pearson en el campus de la Universidad de Tufts, donde cada curso del Programa Spectrum se dedica deliberadamente a cultivar diferentes tipos de inteligencia. El Proyecto Spectrum reconoce que las habilidades humanas se extienden mucho más allá de las "tres R" (término que se refiere a las triples habilidades de lectura, escritura y aritmética (a) aritmética) que forman la base tradicional de la educación primaria. ) Limita el aprendizaje tradicional al centrarse únicamente en las habilidades verbales y numéricas. El programa también reconoce que habilidades como la sensibilidad social de Judy son talentos que la educación debe fomentar, no simplemente ignorar o incluso suprimir. Para que las escuelas brinden educación sobre habilidades para la vida, deben alentar a los niños a alcanzar su máximo potencial y alentarlos a sentirse satisfechos con lo que hacen. El psicólogo Howard Gardner es la inspiración detrás del Proyecto Spectrum.


Un profesor de la Escuela de Educación de Harvard me dijo una vez: "Es hora de ampliar nuestras ideas sobre el talento". La contribución más obvia que el sistema educativo puede hacer al desarrollo de un niño es ayudarlo a encontrar un lugar donde pueda utilizar plenamente sus talentos individuales y sentirse realizado y preparado. Pero hemos perdido completamente de vista ese objetivo y, en cambio, limitamos a todas las personas por igual a un enfoque educativo que, en el mejor de los casos, les proporcione una buena preparación para convertirse en profesores universitarios. Intentamos juzgar la trayectoria de vida de una persona en función de qué tan bien se ajusta a modelos de éxito estrechos y preconcebidos. Deberíamos dedicar menos tiempo a categorizar a los niños y más tiempo a ayudarlos a identificar y cultivar sus habilidades y talentos naturales. "Hay miles de maneras de tener éxito y muchas habilidades diferentes que pueden ayudarnos a lograrlo". Si hay alguien que comprende las limitaciones inherentes a la antigua forma de pensar sobre la inteligencia, ese es Gardner, y nunca se detiene. Cíñete a este punto. Los días de gloria de IC han terminado. El inventor de la prueba de lápiz y papel para medir el coeficiente intelectual fue el psicólogo Lewis Terman de la Universidad de Stanford, quien realizó el primer uso a gran escala de la prueba en 2 millones de hombres estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial. Clasificado. Esto llevó a décadas de lo que Gardner llama "pensamiento de coeficiente intelectual".

"Las personas son inteligentes o no, la inteligencia es un hecho innato (no hay nada que podamos hacer para cambiar eso) y existen pruebas psicológicas para distinguir entre los dos grupos. Por tu parte, comprueba el examen SAT que realizas cuando ingresas a la universidad determina tu futuro tal como lo hacen las pruebas de conocimientos. Esta forma de pensar nos impregna a todos.

El influyente libro de Gardner Frames of Mmd constituye un auténtico manifiesto que refuta « el pensamiento Cl» . En este libro, Gardner afirma que no sólo no existe un único y monolítico tipo de inteligencia que resulte esencial para el éxito en la vida sino que, en realidad, existe un amplio abanico de no menos de siete variedades distintas de inteligencia. Entre ellas, Gardner enumera los dos tipos de inteligencia académica (es decir, la capacidad verbal y la aptitud lógico- matemática); la capacidad espacial propia de los arquitectos o de los artistas en general; el talento kinestésico manifiesto en la fluidez y la gracia corporal de Martha Graham o de Magic Johnson; las dotes musicales de Mozart o de YoYo Ma, y dos cualidades más a las que coloca bajo el epígrafe de « inteligencias personales» : la inteligencia interpersonal (propia de un gran terapeuta como Carl Rogers o de un líder de fama mundial como Martin Luther King j r.) y la inteligencia « intrapsiquica» que demuestran las brillantes intuiciones de Sigmund Freud o, más modestamente, la satisfacción interna que experimenta cualquiera de nosotros cuando nuestra vida se halla en armonía con nuestros sentimientos.

El concepto operativo de esta visión plural de la inteligencia es el de multiplicidad. Así, el modelo de Gardner abre un camino que trasciende con mucho el modelo aceptado del Cl como un factor único e inalterable. Gardner reconoce que los tests que nos esclavizaron cuando íbamos a la escuela —desde las pruebas de selección utilizadas para discriminar entre los estudiantes que pueden acceder a la universidad y aquéllos otros que son orientados hacia las escuelas de formación profesional, hasta el SAT (que sirve para determinar a qué universidad puede acceder un determinado alumno, si es que puede acceder a alguna)— se basan en una noción restringida de la inteligencia que no tiene en cuenta el amplio abanico de habilidades y destrezas que son mucho más decisivas para la vida que el CI.

Gardner es perfectamente consciente de que el número siete es un número completamente arbitrario y de que no existe, por tanto, un número mágico concreto que pueda dar cuenta de la amplia diversidad de inteligencias de que goza el ser humano. A la vista de ello, Gardner y sus colegas ampliaron esta lista inicial hasta llegar a incluir veinte clases diferentes de inteligencia. La inteligencia interpersonal, por ejemplo, fue subdividida en cuatro habilidades diferentes, el liderazgo, la aptitud de establecer relaciones y mantener las amistades, la capacidad de solucionar conflictos y la habilidad para el análisis social (tan admirablemente representada por Judy. la niña de cuatro años de la que hemos hablado antes).

Esta visión multidimensional de la inteligencia nos brinda una imagen mucho más rica de la capacidad y del potencial de éxito de un niño que la que nos ofrece el CI. Cuando los alumnos de Spectrum fueron evaluados en función de la escala de inteligencia de Stanford-Binet (uno de los test más utilizados para la determinación del CI) y en función de otro conjunto de pruebas específicamente diseñadas para valorar el amplio espectro de inteligencias de Gardner, no apareció ninguna relación significativa entre ambos resultados. Los cinco niños que obtuvieron las puntuaciones más elevadas del CI (entre 125 y 1 33) evidenciaron una amplia diversidad de perfiles en las diez áreas cuantificadas por el test de Spectrum. En este sentido, por ejemplo, uno de los cinco niños « más inteligentes» —según los parámetros del CI— mostraba una habilidad especial en tres de las áreas (medidas por la prueba de Spectrum), otros tres tenían aptitudes especiales vinculadas con dos de ellas y el último de los niños más « inteligentes» sólo destacaba en una de las habilidades consideradas por la clasificación de Spectrum. Además, estas áreas se hallaban dispersas: cuatro de las habilidades de estos niños tenían que ver con la música, dos con las artes visuales, otra con la comprensión social, una con la lógica y dos con el lenguaje. Ninguno de los cinco muchachos « inteligentes» mencionados demostró la menor habilidad especial en el movimiento, la aritmética o la mecánica. En realidad, dos de ellos presentaban serias deficiencias en las áreas de movimiento y aritmética.

La conclusión de Gardner es que « la escala de inteligencia de Stant Ord Binet no sirve para pronosticar el éxito en el rendimiento de un subconjunto coherente de las actividades señaladas por Spectrum» . Por otra parte, las puntuaciones obtenidas por los tests de Spectrum proporcionan a padres y profesores una guía muy esclarecedora sobre aquéllas áreas en las que los niños se interesarán de manera natural y aquellas otras con las que, por el contrario, nunca llegarán a entusiasmarse lo suficiente como para transformar una simple destreza en una auténtica maestría.

A lo largo del tiempo, el concepto de inteligencias múltiples de Gardner ha seguido evolucionando y a los diez años de  la publicación de su primera teoría, Gardner nos brinda esta breve definición de las inteligencias personales: « La inteligencia interpersonal consiste en la capacidad de comprender a los demás: cuáles son las cosas que más les motivan, cómo trabajan y la mejor forma de cooperar con ellos. Los vendedores, los políticos. los maestros, los médicos y los dirigentes religiosos de éxito tienden a ser individuos con un alto grado de inteligencia interpersonal. La inteligencia intrapersonal por su parte, constituye una habilidad correlativa —vuelta hacia el interior— que nos permite configurar una imagen exacta y verdadera de nosotros mismos y que nos hace capaces de utilizar esa imagen para actuar en la vida de un modo más eficaz.»

En otra publicación. Gardner señala que la esencia de la inteligencia interpersonal supone « la capacidad de discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas» . En el apartado relativo a la inteligencia intrapersonal —la clave para el conocimiento de uno mismo—, Gardner menciona « la capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta» .


EL ESPECIALISTA EN LA MEMORIA EMOCIONAL

 La validez de las opiniones inconscientes son recuerdos emocionales almacenados en la amígdala. La investigación de LeDoux y otros neurocientíficos parece sugerir que el hipocampo, considerado durante mucho tiempo la estructura central del sistema límbico, tiene menos que ver con la señalización de respuestas emocionales y más con el registro y la asignación de significado a los patrones de percepción. La función principal del hipocampo es proporcionar una memoria de contexto aguda, que es esencial para el significado emocional. El hipocampo reconoce los diferentes significados de un oso en el zoológico en comparación con un oso en el patio trasero. Si el hipocampo es el área que registra los hechos puros, la amígdala es la encargada de registrar el clima emocional que acompaña a esos hechos. Por ejemplo, al intentar adelantar a otro coche en una carretera de dos carriles, calculamos mal la distancia y acabamos en una colisión frontal, el hipocampo registra los datos concretos del accidente, qué tan ancha era la carretera, en quién íbamos y cómo eran los otros vehículos. Pero a partir de ahora, la amígdala desencadena en nosotros un impulso de ansiedad cada vez que estamos a punto de adelantar a un coche en una situación similar. Como me dijo LeDoux, "el hipocampo es la estructura básica para reconocer una cara como la de tu prima, pero la amígdala añade el clima emocional que hace que le prestes menos atención".



Por ejemplo, si intentáramos adelantar a otro vehículo en una carretera de dos carriles pero calculamos mal la distancia y chocamos de frente, el hipocampo registraría los detalles del accidente, incluido el ancho de la carretera, con quién viajábamos y las condiciones climáticas.

El hipocampo almacena detalles sobre el accidente, como el ancho de la carretera, en quién íbamos y las condiciones meteorológicas, por ejemplo, cuando intentábamos adelantar a otro coche en una carretera de dos carriles pero calculamos mal la distancia y terminamos en una colisión frontal.

El hipocampo, por ejemplo, almacena información sobre accidentes específicos, como el ancho de la carretera, en quién íbamos y las condiciones climáticas, cuando intentábamos rebasar a otro automóvil en una carretera de dos carriles y calculamos mal la distancia, lo que resulta en en una colisión frontal.

Por ejemplo, si intentáramos rebasar a otro vehículo en una carretera de dos carriles pero calculamos mal la distancia y chocamos de frente, el hipocampo registraría los detalles del accidente, incluido el ancho de la carretera, con quién estábamos y el las condiciones climáticas.

 El cerebro utiliza una forma sencilla pero muy inteligente de registrar recuerdos emocionales de particular intensidad, porque el mismo sistema de alarma neuroquímico que prepara al cuerpo para reaccionar ante cualquier amenaza (luchar o huir) también es responsable de registrar vívidamente el momento en la mente. . En situaciones de estrés, ansiedad o incluso alegría intensa, los nervios que conectan el cerebro con las glándulas suprarrenales (ubicadas encima de los riñones) estimulan la liberación de las hormonas adrenalina y noradrenalina, preparando así al cuerpo para responder para emergencias. Estas hormonas activan ciertos receptores en el nervio vago, que, entre otras cosas, se encargan de enviar mensajes desde el cerebro que regulan la actividad cardíaca, que a su vez envía señales al cerebro que también son activadas por estas hormonas. Los principales receptores de tales señales son las neuronas de la amígdala que, cuando se activan, garantizan que otras áreas del cerebro refuercen el recuerdo de lo que está sucediendo. La activación de la amígdala parece conducir a emociones intensas, profundizando el registro de estas situaciones. Así recordamos, por ejemplo, dónde fuimos en nuestra primera cita o qué estábamos haciendo cuando nos enteramos de que el transbordador espacial Challenger había explotado. Cuanto más intensa es la activación de la amígdala, más profunda e indeleble será la experiencia que nos asusta o excita. En la práctica, esto significa que el cerebro tiene dos sistemas de registro, uno para registrar eventos ordinarios y otro para registrar recuerdos con emociones fuertes, lo cual es muy interesante desde un punto de vista evolutivo, porque asegura que los animales tengan recuerdos particularmente vívidos de eventos específicos. . Lo que les amenaza y lo que les agrada. Pero más allá de lo que acabamos de ver, la memoria emocional también puede ser una guía falsa para las acciones actuales.