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VISION - POR UN PUÑADO DE GARBANZOS

 Cuentan que en ia India los cazadores esconden botellas con garbanzos en la selva para atrapar monos. Los monos meten su mano en la botella para sacar los garbanzos, pero, al estar la mano llena y querer sacarla, no sale por la boca de la botella. Los monos pierden agilidad y velocidad para huir. Pueden soltar los garbanzos y sacar la mano de la botella para salvarse, pero no lo hacen. El mono, ensimis­mado con el deseo y la ambición de obtener los garbanzos, no ve que en poco tiempo será el menú de! cazador.

¿Cuántas veces en el mundo empresarial somos como esos mo­nos de la India? Tratamos de lograr nuestras metas a toda costa, aun­ que en el camino sacrifiquemos a nuestra familia, a nuestra pareja y, sobre iodo, nuestra salud. Lo peor es que basamos nuestra felicidad o miseria en e! logro de los objetivos. Tener metas es importante; el problema es cuando las metas nos tienen a nosotros, es decir, cuan­ do estamos apegados a ios resultados.

Anthony De Mello define el apego corno la creencia de que nuestra felicidad depende de personas o aspectos externos a nosotros'. Cuando estamos apegados tenemos muchas emociones negativas y miedo de rio conseguir los resultados porque, subconscientemente, consideramos que nuestra felicidad depende de eílos. Por ejemplo, cuando queremos ganar una licitación crucial para la empresa; cuando preparamos un informe para el directorio; cuando llevamos a cabo un evento y queremos que salga perfecto.


EL LIDERAZGO - HISTORIAS VARIAS

 Cuentan que un hijo le dijo a su padre que quería ser un líder, y le preguntó cómo podía lograrlo. El padre le respondió que lo primero que tenía que hacer era estar consciente de sus conductas. Que cada vez que sintiera que había hecho daño a una persona, clavara un clavo en la cerca de su casa. El hijo aceptó el reto y empezó a tomar mayor conciencia de sus actos. Siguiendo el consejo de su padre, comenzó a poner clavos con el martillo cada vez que hacía daño, maltrataba a una persona o no la respetaba. Luego de un tiempo el hijo dejó de poner clavos en ¡a cerca, porque ya era consciente de sus actos y trataba bien a las personas. 




Entonces preguntó a su padre: «¿y ahora qué hago?» El padre le respondió diciéndoles que por cada acto de bien y servicio que realizase, sacase un clavo de la cerca. El hijo nuevamente aceptó el reto y empezó, poco a poco, a sacar los clavos. Ya estaba despierto, era consciente y además se dedicaba a ayudar a las personas. En poco tiempo logró sacar todos los clavos. Contento, se acercó donde su padre, quizá con un poco de soberbia y le dijo: «¡he terminado! ¡Logré sacar todos los clavos! Finalmente he aprendido a ser una mejor persona, un líder». Sin embargo, acto se­ guido lo asaltó una duda: «¿ahora qué haremos con todos los huecos que dejaron los clavos en la cerca?» Eí padre le respondió: «no los toques. Están allí para recordarte siempre que en tu camino de apren­ dizaje dejaste una huella de dolor en la gente y que gracias a su entre­ ga, comprensión y colaboración ahora puedes ser la persona que eres».