A las pulgas saltarinas se las entrena colocándolas en una caja de vidrio. Cuando saltan se estrellan contra la tapa de la caja, pero poco a poco van regulando su salto hasta que aprenden a hacerlo a una altura donde ni siquiera la tocan. Al remover la caja, como las pulgas ya están entrenadas, siguen saltando a esa misma altura, aun que esta vez ya no tengan un límite real.
En la India, a los elefantes se los amarra desde pequeños a un árbol con una cadena para que no puedan escapar. Tratan de hacerlo, pero la cadena y el árbol son más fuertes que ellos. Cuando crecen a su tamaño y adquieren la fuerza de los adultos, basta con amarrarlos a un pequeño arbusto para que no se escapen. Con la fuerza que tiene, el elefante podría sacar el arbusto de raíz, pero no lo hace por que tiene grabado el esquema de que es imposible escapar. Lo mismo nos ocurre a los seres humanos una vez que aprendemos un esquema. Por ejemplo, la forma en que hacemos nuestro trabajo o conducimos nuestra vida. Nos es muy difícil cambiar aun si las condiciones del mundo, el mercado y la competencia cambian.
Cuenta Anthony de Mello que un hombre se sentó en el autobús al lado de una persona con apariencia desarreglada. Ai ver que le faltaba un zapato, le dijo: «Disculpe, ¿se ¡e ha perdido un zapato?». La persona respondió: «No, me he encontrado uno». Para ser innovadores tenemos que luchar con nuestra percepcion que nos obliga a mantenernos en lo ya conocido.

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