UN TIPO DE INTELIGENCIA DIFERENTE - INTELIGENCIA EMOCIONAL DANIEL GOLEMAN

 Desde la perspectiva de un observador casual, Judy, una niña de cuatro años, podría parecer la niña más fea entre sus compañeros del baile, la niña que no asistió. Nunca ocupa el centro sino que se mueve por los bordes. Pero la verdad es que Judy es en realidad una observadora muy aguda de la política social del patio del jardín de infantes y quizás sea la más matizada a la hora de comprender los sentimientos de sus compañeros de clase. Esta sutileza sólo se reveló cuando un día su maestro reunió a todos los niños de cuatro años a su alrededor para jugar un juego al que llamaron "El Juego".

El "juego de aula", que en realidad era una prueba de sensibilidad social, utilizó una casa de muñecas que recreaba un aula con una serie de figuras en su interior con imágenes de caras de estudiantes al revés. sus profesores y compañeros de clase. Judy hizo esto con absoluta precisión cuando la maestra le pidió que colocara a cada uno de sus compañeros en el área del aula donde a ella le gustaba jugar, y cuando la maestra le pidió que colocara a cada niña y niño al lado de un compañero al que le gustaba jugar. jugar. . juega más. Judy ha demostrado una habilidad verdaderamente extraordinaria. La minuciosidad de Judy demostró que tenía un mapa social preciso de la clase, lo que ciertamente era inusual para una niña de su edad. Son estas habilidades las que probablemente permitan a Judy sobresalir en cualquier campo donde las "habilidades interpersonales", como las ventas, la gestión empresarial o la diplomacia, sean importantes. Los talentos sociales de Judy, sin mencionar su impulsividad, se descubrieron cuando era estudiante en la Escuela Infantil Elliott-Pearson en el campus de la Universidad de Tufts, donde cada curso del Programa Spectrum se dedica deliberadamente a cultivar diferentes tipos de inteligencia. El Proyecto Spectrum reconoce que las habilidades humanas se extienden mucho más allá de las "tres R" (término que se refiere a las triples habilidades de lectura, escritura y aritmética (a) aritmética) que forman la base tradicional de la educación primaria. ) Limita el aprendizaje tradicional al centrarse únicamente en las habilidades verbales y numéricas. El programa también reconoce que habilidades como la sensibilidad social de Judy son talentos que la educación debe fomentar, no simplemente ignorar o incluso suprimir. Para que las escuelas brinden educación sobre habilidades para la vida, deben alentar a los niños a alcanzar su máximo potencial y alentarlos a sentirse satisfechos con lo que hacen. El psicólogo Howard Gardner es la inspiración detrás del Proyecto Spectrum.


Un profesor de la Escuela de Educación de Harvard me dijo una vez: "Es hora de ampliar nuestras ideas sobre el talento". La contribución más obvia que el sistema educativo puede hacer al desarrollo de un niño es ayudarlo a encontrar un lugar donde pueda utilizar plenamente sus talentos individuales y sentirse realizado y preparado. Pero hemos perdido completamente de vista ese objetivo y, en cambio, limitamos a todas las personas por igual a un enfoque educativo que, en el mejor de los casos, les proporcione una buena preparación para convertirse en profesores universitarios. Intentamos juzgar la trayectoria de vida de una persona en función de qué tan bien se ajusta a modelos de éxito estrechos y preconcebidos. Deberíamos dedicar menos tiempo a categorizar a los niños y más tiempo a ayudarlos a identificar y cultivar sus habilidades y talentos naturales. "Hay miles de maneras de tener éxito y muchas habilidades diferentes que pueden ayudarnos a lograrlo". Si hay alguien que comprende las limitaciones inherentes a la antigua forma de pensar sobre la inteligencia, ese es Gardner, y nunca se detiene. Cíñete a este punto. Los días de gloria de IC han terminado. El inventor de la prueba de lápiz y papel para medir el coeficiente intelectual fue el psicólogo Lewis Terman de la Universidad de Stanford, quien realizó el primer uso a gran escala de la prueba en 2 millones de hombres estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial. Clasificado. Esto llevó a décadas de lo que Gardner llama "pensamiento de coeficiente intelectual".

"Las personas son inteligentes o no, la inteligencia es un hecho innato (no hay nada que podamos hacer para cambiar eso) y existen pruebas psicológicas para distinguir entre los dos grupos. Por tu parte, comprueba el examen SAT que realizas cuando ingresas a la universidad determina tu futuro tal como lo hacen las pruebas de conocimientos. Esta forma de pensar nos impregna a todos.

El influyente libro de Gardner Frames of Mmd constituye un auténtico manifiesto que refuta « el pensamiento Cl» . En este libro, Gardner afirma que no sólo no existe un único y monolítico tipo de inteligencia que resulte esencial para el éxito en la vida sino que, en realidad, existe un amplio abanico de no menos de siete variedades distintas de inteligencia. Entre ellas, Gardner enumera los dos tipos de inteligencia académica (es decir, la capacidad verbal y la aptitud lógico- matemática); la capacidad espacial propia de los arquitectos o de los artistas en general; el talento kinestésico manifiesto en la fluidez y la gracia corporal de Martha Graham o de Magic Johnson; las dotes musicales de Mozart o de YoYo Ma, y dos cualidades más a las que coloca bajo el epígrafe de « inteligencias personales» : la inteligencia interpersonal (propia de un gran terapeuta como Carl Rogers o de un líder de fama mundial como Martin Luther King j r.) y la inteligencia « intrapsiquica» que demuestran las brillantes intuiciones de Sigmund Freud o, más modestamente, la satisfacción interna que experimenta cualquiera de nosotros cuando nuestra vida se halla en armonía con nuestros sentimientos.

El concepto operativo de esta visión plural de la inteligencia es el de multiplicidad. Así, el modelo de Gardner abre un camino que trasciende con mucho el modelo aceptado del Cl como un factor único e inalterable. Gardner reconoce que los tests que nos esclavizaron cuando íbamos a la escuela —desde las pruebas de selección utilizadas para discriminar entre los estudiantes que pueden acceder a la universidad y aquéllos otros que son orientados hacia las escuelas de formación profesional, hasta el SAT (que sirve para determinar a qué universidad puede acceder un determinado alumno, si es que puede acceder a alguna)— se basan en una noción restringida de la inteligencia que no tiene en cuenta el amplio abanico de habilidades y destrezas que son mucho más decisivas para la vida que el CI.

Gardner es perfectamente consciente de que el número siete es un número completamente arbitrario y de que no existe, por tanto, un número mágico concreto que pueda dar cuenta de la amplia diversidad de inteligencias de que goza el ser humano. A la vista de ello, Gardner y sus colegas ampliaron esta lista inicial hasta llegar a incluir veinte clases diferentes de inteligencia. La inteligencia interpersonal, por ejemplo, fue subdividida en cuatro habilidades diferentes, el liderazgo, la aptitud de establecer relaciones y mantener las amistades, la capacidad de solucionar conflictos y la habilidad para el análisis social (tan admirablemente representada por Judy. la niña de cuatro años de la que hemos hablado antes).

Esta visión multidimensional de la inteligencia nos brinda una imagen mucho más rica de la capacidad y del potencial de éxito de un niño que la que nos ofrece el CI. Cuando los alumnos de Spectrum fueron evaluados en función de la escala de inteligencia de Stanford-Binet (uno de los test más utilizados para la determinación del CI) y en función de otro conjunto de pruebas específicamente diseñadas para valorar el amplio espectro de inteligencias de Gardner, no apareció ninguna relación significativa entre ambos resultados. Los cinco niños que obtuvieron las puntuaciones más elevadas del CI (entre 125 y 1 33) evidenciaron una amplia diversidad de perfiles en las diez áreas cuantificadas por el test de Spectrum. En este sentido, por ejemplo, uno de los cinco niños « más inteligentes» —según los parámetros del CI— mostraba una habilidad especial en tres de las áreas (medidas por la prueba de Spectrum), otros tres tenían aptitudes especiales vinculadas con dos de ellas y el último de los niños más « inteligentes» sólo destacaba en una de las habilidades consideradas por la clasificación de Spectrum. Además, estas áreas se hallaban dispersas: cuatro de las habilidades de estos niños tenían que ver con la música, dos con las artes visuales, otra con la comprensión social, una con la lógica y dos con el lenguaje. Ninguno de los cinco muchachos « inteligentes» mencionados demostró la menor habilidad especial en el movimiento, la aritmética o la mecánica. En realidad, dos de ellos presentaban serias deficiencias en las áreas de movimiento y aritmética.

La conclusión de Gardner es que « la escala de inteligencia de Stant Ord Binet no sirve para pronosticar el éxito en el rendimiento de un subconjunto coherente de las actividades señaladas por Spectrum» . Por otra parte, las puntuaciones obtenidas por los tests de Spectrum proporcionan a padres y profesores una guía muy esclarecedora sobre aquéllas áreas en las que los niños se interesarán de manera natural y aquellas otras con las que, por el contrario, nunca llegarán a entusiasmarse lo suficiente como para transformar una simple destreza en una auténtica maestría.

A lo largo del tiempo, el concepto de inteligencias múltiples de Gardner ha seguido evolucionando y a los diez años de  la publicación de su primera teoría, Gardner nos brinda esta breve definición de las inteligencias personales: « La inteligencia interpersonal consiste en la capacidad de comprender a los demás: cuáles son las cosas que más les motivan, cómo trabajan y la mejor forma de cooperar con ellos. Los vendedores, los políticos. los maestros, los médicos y los dirigentes religiosos de éxito tienden a ser individuos con un alto grado de inteligencia interpersonal. La inteligencia intrapersonal por su parte, constituye una habilidad correlativa —vuelta hacia el interior— que nos permite configurar una imagen exacta y verdadera de nosotros mismos y que nos hace capaces de utilizar esa imagen para actuar en la vida de un modo más eficaz.»

En otra publicación. Gardner señala que la esencia de la inteligencia interpersonal supone « la capacidad de discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas» . En el apartado relativo a la inteligencia intrapersonal —la clave para el conocimiento de uno mismo—, Gardner menciona « la capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta» .


EL ESPECIALISTA EN LA MEMORIA EMOCIONAL

 La validez de las opiniones inconscientes son recuerdos emocionales almacenados en la amígdala. La investigación de LeDoux y otros neurocientíficos parece sugerir que el hipocampo, considerado durante mucho tiempo la estructura central del sistema límbico, tiene menos que ver con la señalización de respuestas emocionales y más con el registro y la asignación de significado a los patrones de percepción. La función principal del hipocampo es proporcionar una memoria de contexto aguda, que es esencial para el significado emocional. El hipocampo reconoce los diferentes significados de un oso en el zoológico en comparación con un oso en el patio trasero. Si el hipocampo es el área que registra los hechos puros, la amígdala es la encargada de registrar el clima emocional que acompaña a esos hechos. Por ejemplo, al intentar adelantar a otro coche en una carretera de dos carriles, calculamos mal la distancia y acabamos en una colisión frontal, el hipocampo registra los datos concretos del accidente, qué tan ancha era la carretera, en quién íbamos y cómo eran los otros vehículos. Pero a partir de ahora, la amígdala desencadena en nosotros un impulso de ansiedad cada vez que estamos a punto de adelantar a un coche en una situación similar. Como me dijo LeDoux, "el hipocampo es la estructura básica para reconocer una cara como la de tu prima, pero la amígdala añade el clima emocional que hace que le prestes menos atención".



Por ejemplo, si intentáramos adelantar a otro vehículo en una carretera de dos carriles pero calculamos mal la distancia y chocamos de frente, el hipocampo registraría los detalles del accidente, incluido el ancho de la carretera, con quién viajábamos y las condiciones climáticas.

El hipocampo almacena detalles sobre el accidente, como el ancho de la carretera, en quién íbamos y las condiciones meteorológicas, por ejemplo, cuando intentábamos adelantar a otro coche en una carretera de dos carriles pero calculamos mal la distancia y terminamos en una colisión frontal.

El hipocampo, por ejemplo, almacena información sobre accidentes específicos, como el ancho de la carretera, en quién íbamos y las condiciones climáticas, cuando intentábamos rebasar a otro automóvil en una carretera de dos carriles y calculamos mal la distancia, lo que resulta en en una colisión frontal.

Por ejemplo, si intentáramos rebasar a otro vehículo en una carretera de dos carriles pero calculamos mal la distancia y chocamos de frente, el hipocampo registraría los detalles del accidente, incluido el ancho de la carretera, con quién estábamos y el las condiciones climáticas.

 El cerebro utiliza una forma sencilla pero muy inteligente de registrar recuerdos emocionales de particular intensidad, porque el mismo sistema de alarma neuroquímico que prepara al cuerpo para reaccionar ante cualquier amenaza (luchar o huir) también es responsable de registrar vívidamente el momento en la mente. . En situaciones de estrés, ansiedad o incluso alegría intensa, los nervios que conectan el cerebro con las glándulas suprarrenales (ubicadas encima de los riñones) estimulan la liberación de las hormonas adrenalina y noradrenalina, preparando así al cuerpo para responder para emergencias. Estas hormonas activan ciertos receptores en el nervio vago, que, entre otras cosas, se encargan de enviar mensajes desde el cerebro que regulan la actividad cardíaca, que a su vez envía señales al cerebro que también son activadas por estas hormonas. Los principales receptores de tales señales son las neuronas de la amígdala que, cuando se activan, garantizan que otras áreas del cerebro refuercen el recuerdo de lo que está sucediendo. La activación de la amígdala parece conducir a emociones intensas, profundizando el registro de estas situaciones. Así recordamos, por ejemplo, dónde fuimos en nuestra primera cita o qué estábamos haciendo cuando nos enteramos de que el transbordador espacial Challenger había explotado. Cuanto más intensa es la activación de la amígdala, más profunda e indeleble será la experiencia que nos asusta o excita. En la práctica, esto significa que el cerebro tiene dos sistemas de registro, uno para registrar eventos ordinarios y otro para registrar recuerdos con emociones fuertes, lo cual es muy interesante desde un punto de vista evolutivo, porque asegura que los animales tengan recuerdos particularmente vívidos de eventos específicos. . Lo que les amenaza y lo que les agrada. Pero más allá de lo que acabamos de ver, la memoria emocional también puede ser una guía falsa para las acciones actuales.

EL CENTINELA EMOCIONAL - SECUESTRO EMOCIONAL

 Un amigo me contó que, hace unos años, se hallaba de vacaciones en Inglaterra almorzando en la terraza de un café ubicado junto a un canal. Luego dio un paseo por la orilla del canal cuando de pronto, vio a una niña que miraba aterrada el agua. Antes de poder formarse una idea clara y darse cuenta de lo que pasaba, y a había saltado al canal, sin quitarse la chaqueta ni los zapatos. Sólo una vez en el agua comprendió que la chica miraba a un niño que estaba ahogándose y a quien finalmente pudo terminar rescatando.

¿Qué fue lo que le hizo saltar al agua antes incluso de darse cuenta del motivo de su reacción? La respuesta, en mi opinión, hay que buscarla en la amígdala.



En uno de los descubrimientos más interesantes realizados en la última década sobre la emoción, LeDoux descubrió el papel privilegiado que desempeña la amígdala en la dinámica cerebral como una especie de centinela emocional capaz de secuestrar al cerebro. Esta investigación ha demostrado que la primera estación cerebral por la que pasan las señales sensoriales procedentes de los ojos o de los oídos es el tálamo y, a partir de ahí y a través de una sola sinapsis, la amígdala. Otra vía procedente del tálamo lleva la señal hasta el neocórtex, el cerebro pensante. Esa ramificación permite que la amígdala comience a responder antes de que el neocórtex hay a ponderado la información a través de diferentes niveles de circuitos cerebrales, se aperciba plenamente de lo que ocurre y finalmente emita una respuesta más adaptada a la situación.

La investigación realizada por LeDoux constituy e una auténtica revolución en nuestra comprensión de la vida emocional que revela por vez primera la existencia de vías nerviosas para los sentimientos que eluden el neocórtex. Este circuito explicaría el gran poder de las emociones para desbordar a la razón porque los sentimientos que siguen este camino directo a la amígdala son los más intensos y primitivos.

Hasta hace poco, la visión convencional de la neurociencia ha sido que el ojo, el oído y otros órganos sensoriales transmiten señales al tálamo y. desde ahí, a las regiones del neocórtex encargadas de procesar las impresiones sensoriales y organizarlas tal y como las percibimos. En el neocórtex, las señales se interpretan para reconocer lo que es cada objeto y lo que significa su presencia. Desde el neocórtex —sostiene la vieja teoría— las señales se envían al sistema límbico y, desde ahí, las vías eferentes irradian las respuestas apropiadas al resto del cuerpo. Ésta es la forma en la que funciona la mayor parte del tiempo, pero LeDoux descubrió, junto a la larga vía neuronal que va al córtex, la existencia de una pequeña estructura neuronal que comunica directamente el tálamo con la amígdala. Esta vía secundaria y más corta —una especie de atajo— permite que la amígdala reciba algunas señales directamente de los sentidos y emita una respuesta antes de que sean registradas por el neocórtex.

Este descubrimiento ha dejado obsoleta la antigua noción de que la amígdala depende de las señales procedentes del neocórtex para formular su respuesta emocional a causa de la existencia de esta vía de emergencia capaz de desencadenar una respuesta emocional gracias un circuito reverberante paralelo que conecta la amígdala con el neocórtex. Por ello la amígdala puede llevarnos a actuar antes incluso de que el más lento —aunque ciertamente más informado— neocórtex despliegue sus también más refinados planes de acción.

El hallazgo de LeDoux ha transformado la noción prevalente sobre los caminos seguidos por las emociones a través de su investigación del miedo en los animales. En un experimento concluyente, LeDoux destruy ó el córtex auditivo de las ratas y luego las expuso a un sonido que iba acompañado de una descarga eléctrica. Las ratas no tardaron en aprender a temer el sonido. aun cuando su neocórtex no llegara a registrarlo. En este caso, el sonido seguía la ruta directa del oído al tálamo y, desde allí, a la amígdala, saltándose todos los circuitos principales. Las ratas, en suma, habían aprendido una reacción emocional sin la menor implicación de las estructuras corticales superiores. En tal caso, la amígdala percibía, recordaba y orquestaba el miedo de una manera completamente independiente de toda participación cortical. Según me dijo LeDoux: « anatómicamente hablando, el sistema emocional puede actuar independientemente del neocórtex. Existen ciertas reacciones y recuerdos emocionales que tienen lugar sin la menor participación cognitiva consciente» .

La amígdala puede albergar y activar repertorios de recuerdos y de respuestas que llevamos a cabo sin que nos demos cuenta del motivo por el que lo hacemos, porque el atajo que va del tálamo a la amígdala deja completamente de lado al neocórtex. Este atajo permite que la amígdala sea una especie de almacén de las impresiones y los recuerdos emocionales de los que nunca hemos sido plenamente conscientes.

 Una señal visual va de la retina al tálamo, en donde se traduce al lenguaje del cerebro. La may or parte de este mensaje va después al cortex visual, en donde se analiza y evalúa en busca de su significado para emitir la respuesta apropiada. Si esta respuesta es emocional, una señal se dirige a la amígdala para activar los centros emocionales, pero una pequeña porción de la señal original va directamente desde el tálamo a la amígdala por una vía más corta, permitiendo una respuesta más rápida (aunque ciertamente también más imprecisa).

De este modo la amígdala puede desencadenar una respuesta antes de que los centros corticales hay an comprendido completamente lo que está ocurriendo.

¡Y LeDoux afirma que es precisamente el papel subterráneo desempeñado por la amígdala en la memoria el que explica, por ejemplo, un sorprendente experimento en el que las personas adquirieron una preferencia por figuras geométricas extrañas cuy as imágenes habían visto previamente a tal velocidad que ni siquiera les había permitido ser conscientes de ellas! Otra investigación ha demostrado que, durante los primeros milisegundos de cualquier percepción, no sólo sabemos inconscientemente de qué se trata sino que también decidimos si nos gusta o nos desagrada. De este modo, nuestro « inconsciente cognitivo» no sólo presenta a nuestra conciencia la identidad de lo que vemos sino que también le ofrece nuestra propia opinión al respecto. Nuestras emociones tienen una mente propia, una mente cuy as conclusiones pueden ser completamente distintas a las sostenidas por nuestra mente racional.


EL REPETIDOR NEURONAL . SECUESTRO EMOCIONAL

 Los momentos más interesantes para comprender el poder de las emociones en nuestra vida mental son aquéllos en los que nos vemos inmersos en acciones pasionales de las que más tarde, una vez que las aguas han vuelto a su cauce, nos arrepentimos.



¿Cómo podemos volvemos irracionales con tanta facilidad? Tomemos, por ejemplo, el caso de una joven que condujo durante un par de horas para ir a Boston y almorzar y pasar el día con su novio. Durante la comida él le regaló un cartel español muy difícil de encontrar y por el que había estado suspirando desde hacia meses. Pero todo pareció desvanecerse cuando ella le sugirió que fueran al cine y él respondió que no podían pasar el día juntos porque tenía entrenamiento de béisbol. Dolida y recelosa, nuestra amiga rompió entonces a llorar, salió del café y arrojó el cartel a un cubo de la basura. Meses más tarde, recordando el incidente, estaba más arrepentida por la pérdida del cartel que por haberse marchado con cajas destempladas.

No hace mucho tiempo que la ciencia ha descubierto el papel esencial desempeñado por la amígdala cuando los sentimientos impulsivos desbordan la razón. Una de las funciones de la amígdala consiste en escudriñar las percepciones en busca de alguna clase de amenaza. De este modo, la amígdala se convierte en un importante vigía de la vida mental, una especie de centinela psicológico que afronta toda situación, toda percepción, considerando una sola cuestión, la más primitiva de todas: « ¿Es algo que odio No hay ? ¿A lo que temo?» En el caso de que la respuesta a esta pregunta sea afirmativa, la amígdala reaccionará al momento poniendo en funcionamiento todos sus recursos neurales y cablegrafiando un mensaje urgente a todas las regiones del cerebro.

En la arquitectura cerebral, la amígdala constituye una especie de servicio de vigilancia dispuesto a alertar a los bomberos, la policía y los vecinos ante cualquier señal de alarma. En el caso de que, por ejemplo, suene la alarma de miedo, la amígdala envía mensajes urgentes a cada uno de los centros fundamentales del cerebro, disparando la secreción de las hormonas corporales que predisponen a la lucha o a la huida, activando los centros del movimiento y estimulando el sistema cardiovascular, los músculos y las vísceras: La amígdala también es la encargada de activar la secreción de dosis masivas de noradrenalina, la hormona que aumenta la reactividad de ciertas regiones cerebrales clave. entre las que destacan aquéllas que estimulan los sentidos y ponen el cerebro en estado de alerta. Otras señales adicionales procedentes de la amígdala también se encargan de que el tallo encefálico inmovilice el rostro en una expresión de miedo, paralizando al mismo tiempo aquellos músculos que no tengan que ver con la situación, aumentando la frecuencia cardíaca y la tensión sanguínea y enlenteciendo la respiración. Otras señales de la amígdala dirigen la atención hacia la fuente del miedo y predisponen a los músculos para reaccionar en consecuencia. Simultáneamente los sistemas de la memoria cortical se imponen sobre cualquier otra faceta de pensamiento en un intento de recuperar todo conocimiento que resulte relevante para la emergencia presente.

Estos son algunos de los cambios cuidadosamente coordinados y orquestados por la amígdala en su función rectora del cerebro (véase el apéndice C para tener una visión más detallada a este respecto). De este modo, la extensa red de conexiones neuronales de la amígdala permite, durante una crisis emocional, reclutar y dirigir una gran parte del cerebro, incluida la mente racional.


LA SEDE DE TODAS LAS PASIONES - SECUESTRO EMOCIONAL

La amígdala del ser humano es una estructura relativamente grande en comparación con la de nuestros parientes evolutivos, los primates. Existen, en realidad, dos amígdalas que constituyen un conglomerado de estructuras interconectadas en forma de almendra (de ahí su nombre, un término que se deriva del vocablo griego que significa « almendra» ), y se hallan encima del tallo encefálico, cerca de la base del anillo límbico, ligeramente desplazadas hacia delante.



El hipocampo y la amígdala fueron dos piezas clave del primitivo « cerebro olfativo» que, a lo largo del proceso evolutivo, terminó dando origen al córtex y posteriormente al neocórtex. La amígdala está especializada en las cuestiones emocionales y en la actualidad se considera como una estructura límbica muy ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria. La interrupción de las conexiones existentes entre la amígdala y el resto del cerebro provoca una asombrosa ineptitud para calibrar el significado emocional de los acontecimientos, una condición que a veces se llama « ceguera afectiva» .

A falta de toda carga emocional, los encuentros interpersonales pierden todo su sentido. Un joven cuya amígdala se extirpó quirúrgicamente para evitar que sufriera ataques graves perdió todo interés en las personas y prefería sentarse a solas, ajeno a todo contacto humano. Seguía siendo perfectamente capaz de mantener una conversación, pero ya no podía reconocer a sus amigos íntimos, a sus parientes ni siquiera a su misma madre, y permanecía completamente impasible ante la angustia que les producía su indiferencia. La ausencia funcional de la amígdala parecía impedirle todo reconocimiento de los sentimientos y todo sentimiento sobre sus propios sentimientos. La amígdala constituye, pues, una especie de depósito de la memoria emocional y, en consecuencia, también se la puede considerar como un depósito de significado. Es por ello por lo que una vida sin amígdala es una vida despojada de todo significado personal.

Pero la amígdala no sólo está ligada a los afectos sino que también está relacionada con las pasiones. Aquellos animales a los que se les ha seccionado o extirpado quirúrgicamente la amígdala carecen de sentimientos de miedo y de rabia, renuncian a la necesidad de competir y de cooperar, pierden toda sensación del lugar que ocupan dentro del orden social y su emoción se halla embotada y ausente. El llanto, un rasgo emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a ella, el gyrus cingulatus. Cuando uno se siente apoyado, consolado y confortado, esas mismas regiones cerebrales se ocupan de mitigar los sollozos pero, sin amígdala, ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las lágrimas.

Joseph LeDoux, un neurocientífico del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva York, fue el primero en descubrir el Importante papel desempeñado por la amígdala en el cerebro emocional. LeDoux forma parte de una nueva hornada de neurocientíficos que, utilizando métodos y tecnologías innovadoras, se han dedicado a cartografiar el funcionamiento del cerebro con un nivel de precisión anteriormente desconocido que pone al descubierto misterios de la mente inaccesibles para las generaciones anteriores. Sus descubrimientos sobre los circuitos nerviosos del cerebro emocional han llegado a desarticular las antiguas nociones existentes sobre el sistema límbico, asignando a la amígdala un papel central y otorgando a otras estructuras límbicas funciones muy diversas.

La investigación llevada a cabo por LeDoux explica la forma en que la amígdala asume el control cuando el cerebro pensante, el neocórtex, todavía no ha llegado a tomar ninguna decisión.

Como veremos, el funcionamiento de la amígdala y su interrelación con el neocórtex constituye el núcleo mismo de la inteligencia emocional

 

EL SECUESTRO EMOCIONAL - INTELIGENCIA EMOCIONAL

 Era una calurosa tarde de agosto del año 1963, la misma en que el reverendo Martin Luther King, j r. pronunciara en Washington aquella famosa conferencia que comenzó con la frase « Hoy tuve un sueño» ante los manifestantes de la marcha en pro de los derechos civiles. Aquella tarde, Richard Robles, un delincuente habitual condenado a tres años de prisión por los más de cien robos que había llevado a cabo para mantener su adicción a la heroína y que, por aquel entonces, se hallaba en libertad condicional, decidió robar por última vez. Según declaró posteriormente, había tomado la decisión de dejar de robar pero necesitaba desesperadamente dinero para su amiga y para su hija de tres años de edad.

El lujoso apartamento del Upper East Side de Nueva York que Robles eligió para aquella ocasión pertenecía a dos jóvenes mujeres, Janice Wy lie, investigadora de la revista Newsweek, de veintiún años, y Emily Hoffert, de veintitrés años de edad y maestra en una escuela primaria. Robles creía que no había nadie en casa pero se equivocó y. una vez dentro, se encontró con Wy lie y se vio obligado a amenazarla con un cuchillo y amordazaría, y lo mismo tuvo que hacer cuando, a punto de salir, tropezó con Hoffert.



Según contó años más tarde, mientras estaba amordazando a Hoffert, Janice Wy lie le aseguró que nunca lograría escapar porque ella recordaría su rostro y no cejaría hasta que la policía diera con él. Robles, que se había jurado que aquél sería su último robo, entró entonces en pánico y perdió completamente el control de sí mismo. Luego, en pleno ataque de locura, golpeó a las dos mujeres con una botella hasta dejarlas inconscientes y, dominado por la rabia y el miedo, las apuñaló una y otra vez con un cuchillo de cocina. Veinticinco años más tarde, recordando el incidente, se lamentaba diciendo: « estaba como loco. Mi cabeza simplemente estalló» .

Durante todo este tiempo Robles no ha dejado de arrepentirse de aquel arrebato de violencia. Hoy en día, treinta años más tarde, sigue todavía en prisión por lo que ha terminado conociéndose como « el asesinato de las universitarias» . Este tipo de explosiones emocionales constituye una especie de secuestro neuronal. Según sugiere la evidencia, en tales momentos un centro del sistema límbico declara el estado de urgencia y recluta todos los recursos del cerebro para llevar a cabo su impostergable tarea. Este secuestro tiene lugar en un instante y desencadena una reacción decisiva antes incluso de que el neocórtex—el cerebro pensante— tenga siquiera la posibilidad de darse cuenta plenamente de lo que está ocurriendo, y mucho menos todavía de decidir si se trata de una respuesta adecuada. El rasgo distintivo de este tipo de secuestros es que, pasado el momento crítico, el sujeto no sabe bien lo que acaba de ocurrir.

Hay que decir también que estos secuestros no son, en modo alguno, incidentes aislados y que tampoco suelen conducir a crímenes tan detestables como « el asesinato de las universitarias» .

En forma menos drástica, aunque no, por ello, menos intensa, se trata de algo que nos sucede a todos con cierta frecuencia. Recuerde, sin ir más lejos, la última ocasión en la que usted mismo « perdió el control de la situación» y explotó ante alguien —tal vez su esposa. su hijo o el conductor de otro vehículo— con una intensidad que retrospectivamente considerada, le pareció completamente desproporcionada. Es muy probable que aquél también fuera un secuestro, un golpe de estado neural que, como veremos, se origina en la amígdala, uno de los centros del cerebro límbico.

Pero no todos los secuestros límbicos son tan peligrosos porque cuando por ejemplo, alguien sufre un ataque de risa, también se halla dominado por una reacción límbica, y lo mismo ocurre en los momentos de intensa alegría. Cuando Dan Jansen, tras varios intentos infructuosos de conseguir una medalla de oro olímpica en la modalidad de patinaje sobre hielo (que, por cierto, había prometido alcanzar, en su lecho de muerte, a su moribunda hermana) logró finalmente alcanzar su objetivo en la carrera de mil metros de la Olimpiada de Invierno de 1994 en Noruega, la excitación y la euforia que experimentó su esposa fue tal, que tuvo que ser asistida de urgencia por el equipo médico junto a la misma pista de patinaje.